Parte I

Lola se refugia en el cementerio

Comienza la historia de Lola

Comienza la historia de Lola, una pobre y humilde niña, que se queda sola en el mundo después de que su padre (José Carrero) falleciera. Y la niña decide viajar a la capital con su tía Marta Carrero, el único familiar que la queda, ya que ella teme que un viejo misterioso (llamado Aquiles Barraza) la haga daño, al que se encontró acechándola cuando fue a pedir ayuda a su madrina, la adinerada Lorenza de Machado, a la que no pudo ver, a pesar de que ella vio a su adorable hijo Marcelo, quien poco después viajó también a la capital para estudiar. En la ciudad, Lola consigue encontrar la gran casa donde vive su tía Marta Carrero, quien la da hospedaje a cambio de que sea su criada. Pasados diez años, Marcelo dejó de ser el niño gordito que fue y ahora se ha convertido en un apuesto joven con una novia llamada Angelina, pero sigue pensando en la niña que se encontró, Lola (la ahijada de su madre).

Lola estuvo a punto de ser atropellada por Marcelo
Angelina se opone a pasar sus vacaciones en el pueblo de su novio Marcelo, quien quiere regresar a su pueblo para visitar a su madre y presentarla a su novia. Por otro lado, en el pueblo, Lorenza recibe la desagradable visita de su cuñada Silvana, quien viajó desde Europa para quedarse en la casa de la hermana de su difunto esposo, además, Silvana llega acompañada de su insoportable hija Priscila, pues ambas están arruinadas y tendrán que vivir en una finca rodeadas de vacas, a las que no soportan su olor. Lejos de allí, Marta contrata al Profesor Samuel para que le dé clases a su sobrina Lola, aunque eso sólo es una excusa para estar cerca de Samuel, del que Marta está enamorada, pero él está entusiasmado con la hermosa Lola. Más tarde, Lola acompaña a su tía Marta a comprar ropa para llevarle las bolsas y, como no veía por donde andaba con tanta carga que llevaba, Marcelo estuvo a punto de atropellarlas.

Priscila se interesa en los vecinos
Después de estar a punto de atropellarla, Marcelo recuerda que esa mujer, a pesar de haber crecido, debe de ser Lola, pero no se preguntaron los nombres porque lo único que hacían es mirarse. Cenando con su novia Angelina; Marcelo le cuenta que se quedó pensando en una mujer a la que estuvo a punto de atropellar cuando la vio sus ojos que la recordaron a una niña campesina de su pueblo y, por esto, Angelina se pone muy celosa. Por otra parte, Priscila comienza a sentirse atraída por dos de los cuatro hermanos Galeano (Romano y Renato), a los que su tía Lorenza no soporta, ya que se lleva muy mal con la madre de éstos (Regina), aunque en el pasado ellas fueron buenas amigas, además, ambas tienen dos fincas lecheras que han podido sacar ellas solas adelante, pues perdieron a sus maridos. Como siguió al coche en el que iba Lola con su tía; Marcelo va hasta allí donde se encuentra con Lola, con la que se disculpa por lo ocurrido, descubriendo que ella se llama Lola, como él sospechaba.

Lola huye de su tía Marta
Por la noche, Marta invita al Profesor Samuel a su casa a cenar porque creía que él la iba a pedir matrimonio, pero en cambio él está enamorado de Lola y la dice a Marta que visita tanto la casa porque Lola le gusta, por lo que Marta se pone furiosa. Instantes más tarde, Samuel le declara su amor a Lolita, pero Marta (muy enfadada) le acaba echando de la casa. Después de que la convenciera para que le acompañase a la finca de su madre en el pueblo; Marcelo no fue capaz de hacer el amor con su novia Angelina porque sólo puede pensar en Lola. Por faltarla el respeto, Lola amenaza a su tía Marta con abandonarla, pero su tía se opone y, en un forcejeo, Marta tropieza y se cae y después cae rodando las escaleras y, pensando que su tía ha muerto por su culpa, Lola huye con el poco dinero que tiene y regresa al pueblo de Horneros, donde se queda toda la noche rezando en la tumba de su padre. Al día siguiente, Lola llega a su antigua casa y descubre que el viejo Aquiles le vendió esa casa a otra familia.

Lola se esconde en el cementerio
Aquiles encuentra a Lola, pero ella sigue temiéndole, y éste la reprocha que haya vivido en una casa que estaba dentro de sus propiedades y, después, Lolita huye despavorida hacía el cementerio, donde decide quedarse porque no encuentra hospedaje, y duerme en la casa del perro que vigila el cementerio. Por otra parte, las coquetas Silvana y Priscila hacen sus ejercicios rutinarios de gimnasia a las afueras de la casa, bajo la atónita mirada de los trabajadores de la hacienda y los hijos de Regina de Galeano, quienes observan a las mujeres desde su hacienda vecina, ya que Lorenza y Regina se llevan mal desde hace varios años. Estando comiendo, Lorenza le sonsaca a su sobrina Priscila que en Francia ella era costurera porque no tenía papeles para trabajar allí, a pesar de que su madre Silvana le hace creer que ella estaba estudiando para ser diseñadora de ropa. Después, Silvana y Priscila pasean por el pueblo y entran en un bar, donde el jefe del recinto (Fabián Poncela) la ofrece a Priscila que trabaje como mesera en su bar donde van todos los hombres del pueblo, y Silvana la abofetea por atreverse a ofrecerla ese puesto de trabajo que cree que su hija no merece. Mientras que, Lola le cuenta a Don Pablo, el sepulturero del cementerio, que ella no mató intencionadamente a su tía Marta y ahora teme que la policía la esté buscando. Después de una gran discusión con su novia Angelina; Marcelo rompe su relación con ella.

Marta le hace creer a Marcelo que Lola trató de matarla
Cuando va a buscar a Lola; Marcelo se encuentra con Marta, quien está en una silla de ruedas, y ésta le hace creer que Lola la golpeó, la robó y después escapó, además de quitarla a su amado. Pero, Marcelo no cree que eso sea cierto porque piensa que Lola sería incapaz de hacer daño a alguien. En Horneros, los hermanos Galeano visitan la tumba de su difunto padre y, allí, los cuatro estuvieron a punto de descubrir a Lola, quien se escondía en la caseta del perro que vigila los alrededores del cementerio; pero éstos no la descubrieron, gracias a que Don Pablo (el sepulturero) les hizo creer que allí se esconde su perro.

Unos forajidos intentan abusar sexualmente de Lola
En el cementerio por la noche, unas chismosas del pueblo (Doña Pánfila y Doña Custodia, a las que conocen en el pueblo de Horneros como “Las Viudas”) ven a Lola y, muy asustadas, éstas van a denunciar a la policía que vieron un alma en pena rondando las tumbas. Cuando va a bañarse al río como cada noche; Lola es sorprendida por tres bandidos que intentan abusar sexualmente de ella, pero ella logra defenderse, además, Don Pablo (el celador del cementerio) les golpea, pero los forajidos le dan una gran paliza y Don Pablo acaba en el hospital, y la policía atrapa a los bandidos.

Los habitantes del pueblo creen que Lola es un “alma en pena”
Las dos hacendadas que son de gran carácter, Lorenza de Machado y Regina de Galeano discuten porque el hijo menor de Regina (René) quiere ser un gran científico y provocó una gran explosión que perjudicó hasta la hacienda vecina y, por eso, Lorenza le dice a Regina que aprenda a controlar a sus hijos, mientras Regina la aconseja a gritos a Lorenza que saque de su casa a Silvana y a Priscila, antes de que se tomen el atrevimiento de quedarse definitivamente. Mientras que, Juana y Nicolasa (las empleadas de Lorenza y Regina) son muy buenas amigas y se chismosean todo lo que sucede en ambas haciendas para luego contárselo a sus patronas. Después de que Doña Pánfila y Doña Custodia encontrasen nuevamente a Lola en el cementerio y creyeran que era un alma en pena, saliendo de allí despavoridas; Lola se adentra al pueblo donde tiene que robar un poco de comida para poder alimentarse, ya que Don Pablo no puede darla comida, ya que él sigue recuperándose en el hospital de la paliza que le propinaron por defender a Lola. Una noche, Lorenza y Regina hacen un homenaje a sus esposos en el cementerio y, creyendo que es un fantasma (o como algunos dicen: “un alma en pena”), todos huyen despavoridos al ver a Lola, pero Lorenza le dice al policía del pueblo que podría ser una indigente que vive en el cementerio, sin saber que es su ahijada Lola.

Lola cree que ella trae mala suerte a las personas de su alrededor
Debido al revuelo que se formó en el cementerio, el policía manda a uno de sus hombres para vigile el lugar y, allí, Lola consigue esconderse para que no la descubran, además, ella le roba la comida al nuevo vigilante, pero favorablemente Don Pablo (el sepulturero) llega ya recuperado para seguir escondiendo a Lolita. Por otra parte, Renato y Román Galeano (los hijos mayores de Regina) aprovechan que no está por los alrededores Lorenza para presentarse ante Priscila (la sobrina de Lorenza), con la que coquetean. Y después, Silvana y Priscila hablan del mal comportamiento que tuvo Regina cuando ésta apartó a sus hijos de Priscila, diciéndola que no quería a su lado forasteras y, a pesar de que no se llevan bien; Lorenza defiende a Regina porque la aprecia y las exige a Silvana y Priscila que no vuelvan a hablar mal de ella. En la capital, convencido por sus amigos, Marcelo va a bailar a la discoteca y, allí, él se sorprende al ver a Angelina bailando muy acaramelada con otro hombre. Pero, Angelina y Marcelo acaban como amigos porque no quieren pelearse después de la maravillosa historia de amor que vivieron. Por otra parte, Lola está atormentada porque ahora piensa que trae mala suerte a las personas que están a su alrededor porque su madre nació al tenerla y, después, su padre también falleció, además, ella sigue culpándose de la muerta de su tía Marta, sin saber que ella sigue viva.

Los hijos de Regina salen por la noche, ocultándoselo a su madre
Los hijos de Regina se escapan de su casa y, haciéndola creer a su madre que los mayores (Renato y Román) fueron a visitar a su padre al cementerio y que los menores (Ricardo y René) duermen profundamente; éstos se van al pueblo hasta el bar de Fabián y, allí, René coquetea con una muchacha que estaba con otro hombre, provocando una pelea en el bar “Los Gozosos” y, por esto, el dueño del bar (Fabián) les echa de allí. Nuevamente, el viejo tacaño de Aquiles Barraza busca a Lola en el cementerio, creyendo que ella se esconde allí, pero Don Pablo le echa. De madrugada, Lorenza tiene que regañar a su empleada Juana, quien les recita una oración de brujería a las nuevas inquilinas (Silvana y Priscila) para que se vayan del pueblo, ya que cree que ellas son las culpables de todo lo malo que está ocurriendo en el pueblo. Al día siguiente, Lorenza despierta a gritos a Silvana y a Priscila, ya que son un par de zánganas que no son capaces de madrugar. Antes de llegar a su casa, Marcelo estuvo a punto de atropellar con su coche a Priscila, quien le insulta al principio por haber estado a punto de llevársela por delante; pero, al verle mejor, ella se queda prendada por su atractivo, sin saber que él es su primo, y ésta considera que él es su hombre perfecto.

Priscila se queda prendada de amor por Marcelo
Cuando descubre que Marcelo es su primo; Priscila se alegra porque quiere enamorarle, a pesar de que su madre Silvana la prohíbe que se involucre con algún familiar porque no quiere tener problemas con su cuñada Lorenza. Furiosa con sus hijos; Regina saca del bar “Los Gozosos” a sus cuatro hijos, a los que encuentra muy borrachos. Además, Doña Regina amenaza a Fabián Poncela con cerrarle el negocio si vuelve a ofrecerle trago a sus hijos. Por la noche, Doña Lorenza visita la tumba de su difunto esposo y, allí, ella se asusta al encontrarse con Lola, a la que no reconoce porque está sucia y desaliñada. Al regresar a su casa, más calmada, Doña Lorenza dice haber visto al “alma en pena”, sin saber que ella es Lola, su ahijada, quien está viviendo en el cementerio porque no tiene otro refugio.

Doña Lorenza se asusta al ver al “alma en pena” del cementerio
Doña Lorenza le cuenta a su hijo Marcelo que “el alma en pena” que vio era una mujer, llena de barro, muy sucia y con oler a azufre. Buscando una nueva empleada que vigile a sus hijos, Doña Regina le propone a Juana que trabaje para ella, abandonando a Lorenza, ya que Doña Regina no confía en Nicolasa, su joven empleada. Aunque Doña Lorenza no quería convertirse en la comidilla de todos los desocupados del pueblo de Horneros; Juana se lo cuenta a Nicolasa, quien les cuenta a todas las chismosas del pueblo que por la noche Doña Lorenza quedó espantada cuando vio al “alma en pena” en el cementerio. Cuando Doña Regina les dice a sus hijos Renato y Romano que llegó el hijo de Lorenza al pueblo y que dejó de ser el niño gordito que conocían, convertido en un atractivo hombre; Renato y Romano sienten celos porque creen que él puede ser mejor que ellos y les podría arrebatar a sus conquistas.

Lola ataca a Romano y a Renato
Como Silvana no quiere vivir de su cuñada Lorenza; Priscila cree que consiguiendo a un marido millonario, se resolverían todos sus problemas; y Silvana la aconseja a su hija que sería una buena idea que conquistara a uno de los hijos de Doña Regina. Cansada de que todas las noches la visite alguien El cementerio; Lola decide asustar a Renato y Romano (los hijos mayores de Regina), subiéndose encima de ellos y rasguñándoles la cara, para que la dejen tranquila. Después de una discusión; Lorenza y Regina firman un acuerdo para subir el precio de la leche de sus haciendas lecheras, ya que ambas se dedican a lo mismo. Por otra parte, Marcelo le confiesa a su prima Priscila que por ahora no pretende reemplazar a su ex novia Angelina por ninguna otra, a pesar de que Priscila siga coqueteándole. Por el ataque que sufrieron sus dos hijos mayores; Doña Regina denuncia al “alma en pena”, y el comisario Romero con el cura del pueblo van al cementerio para ahuyentar al fantasma, pero favorablemente Don Pablo (el sepulturero) esconde a Lola para que no la encuentren.

La policía arresta a Lola
Priscila le dice a su madre Silvana que para salir de la ruina va a enamorar a su primo Marcelo. Por la mañana, los dos hijos menores de Regina (René y Ricardo) ven a Don Pablo hablando con Lola y pretenden descubrirla, pero Pablo les detiene. Por otra parte, Lorenza regaña a su sobrina Priscila por quitarle el coche a Marcelo, sin su permiso, para ir al río del pueblo a tomar sol en traje de baño. Instantes más tarde, Lorenza se enfurece con Silvana cuando la pide dinero para comprarse ropa y, por esto, Silvana llora por la humillación de Lorenza, quien la dice que se viste como un pavo real de ridícula. Y Silvana y Priscila consiguen algo de dinero para comprar telas para confeccionar sus propios diseños, pero se les arruina todo cuando descubren que esa misma tela la tiene la empleada, Juana, quien luce una camisa con una de las telas que compraron. Por su parte, Doña Regina denuncia a Don Pablo por haber agredido a sus dos hijos menores, echándoles del cementerio y, cuando van allí, la policía descubre a Lola (a la que todos han identificado “el alma en pena”) y, aunque ella intenta escapar, la policía la acaba arrestando y todos se asustan al verla porque es una mujer muy sucia y desaliñada.

Lola se culpa de haber matado a su tía Marta, aunque ella sigue viva
A pesar de que no la reconoce, a Marcelo le despierta ternura y decide visitar a la cárcel al supuesto alma en pena y, allí, Lola no es capaz de decir a Marcelo que ella es la ahijada de su madre, a la que conoció en la capital, pues no la reconoce porque está con la cara y el cuerpo lleno de barro y vestida con un vestido roto. En la cárcel, Lola se atreve a hablar con el comisario Romero, acusándose de haber asesinado a su tía Marta Carrero.

Lorenza descubre que “el alma en pena” es su ahijada Lola
Por la noche, Ricardo y René amenazan a sus hermanos mayores (Renato y Romano) con decírselo a su madre, si ellos no les llevan al bar “Los Gozosos”, pero Renato y Romano se van sin sus hermanos volviendo a escaparse para disfrutar de la rumba y de las mujeres del establecimiento de Fabián Poncela y, aunque creían que iban a deleitarse con el baile de unas exuberantes mujeres, ellos se desaniman al ver bailando encima del podium a unas gordas, que se hacían llamar “Sirenas del Trópico”. Al regresar a su casa, Renato y Romano se encuentran con la puerta cerrada, ya que sus hermanos menores así lo hicieron y, al apedrear la ventana de la habitación de sus hermanos; Regina les descubre, quien les recibe enfurecida. Averiguando sobre el paradero de Marta Carrero; el comisario le enseña a Lola un artículo de prensa en el que Marta anuncia su matrimonio con un joven que podría ser su hijo. Y por todo esto, el comisario toma la decisión de llamar a un psiquiátrico para que recojan a Lola y se la lleven, pensando que ella está loca. Recordando su mirada, Doña Lorenza descubre que “el alma en pena” es su ahijada Lola Carrero, a la que quiere acoger en su casa. Y más tarde, Marcelo va a hablar con Don Pablo, quien le confirma que la andrajosa que vivía en el cementerio es Lola Carrero y, aunque ella le pidió a Pablo que no desvelará su verdadera identidad, él se lo confirmó porque temía que a Lola la tomaran por loca y la internaran en un manicomio.

Lorenza y Marcelo acogen a Lola
Marcelo y su madre Lorenza consiguen detener la ambulancia donde se llevaban a Lola al manicomio y se la llevan a su casa, donde Lorenza está decidida a cuidarla y darla el cariño que jamás tuvo. Y al llegar; Priscila, Silvana y Juana se asustan al ver a Lola, quienes siguen creyendo que es un “alma en pena” del cementerio. A pesar de que Lorenza les pide que traten de disimular si las impacta verla así de andrajosa, Priscila y Silvana comienzan a gritar desesperadamente, al ver a Lola, éstas la insultan llamándola “mofeta maloliente”. Instantes más tarde, Lorenza y Marcelo consiguen que Lola les cuente que ella huyó de la capital cuando su tía Marta, quien la tuvo por varios años como su criada, se cayó en un forcejeo entre las dos y creyó que su tía murió. Después de darla alojamiento, Lorenza baña y viste a Lola, consiguiendo vestidos de su sobrina Priscila, quien al principio se opuso a darla alguno de sus vestidos que ya no usaba por estar pasados de moda, pero finalmente accedió para complacer a su tía Lorenza, ya que ella amenazó a Silvana y Priscila con no volverlas a dar dinero para sus caprichos. Mientras que, los dos hijos menores de Regina (Ricardo y René) miran con sus anteojos como bañan al “alma en pena”, dándose cuenta de lo bella que es, y Nacho (un empleado de Lorenza) les echa de allí y, después, su madre les regaña por fisgonear en la hacienda vecina. Y Juana (la empleada) siente envidia de Lola porque su patrona Lorenza le está dando todos los cuidados del mundo.

Priscila y Marcelo tienen una pelea en el bar “Los Gozosos”
A la hora de comer, Silvana y Priscila se oponen a compartir mesa con la zarrapastrosa de Lola (como ellas la llaman) y, al ver su transformación, Marcelo se queda prendado por la belleza de Lola. Y Priscila se pone muy celosa al ver lo hermosa que está Lola con sus vestidos, pero Priscila le hace creer a su primo Marcelo que le regaló a Lola sus mejores vestidos, ya que quiere enamorarle a como dé lugar. Al ver la indiferencia y los desaires de parte de Silvana y Priscila; Lola decide levantarse de la mesa y, llorando, le cuenta a su madrina Lorenza que se puso feliz al enterarse de que su tía Marta estaba viva, a pesar de lo mal que Marta la trató. Como no hay más habitaciones, Lola duerme en la misma habitación que Lorenza. A pesar de que su madre no se lo permite, Priscila sale con Marcelo y llegan al bar de “Los Gozosos”. Y al intentar quitarles una mesa en el bar, Priscila comienza una pelea con una mujer, y su pareja se pelea con Marcelo y, a pesar de que él no hizo nada, comienzan a pelearse todos los que estaban en el establecimiento de Fabián Poncela, quien está desesperado porque le destrozaron varios muebles de su bar. Y al volver a su casa, Priscila le roba un beso a Marcelo, pero éste la rechaza porque Marcelo está interesado en Lola. Al día siguiente; Priscila, cansada de que su madre alarde de lo que no es, la pide que la deje en paz y que ella hará lo que quiera porque ellas llegaron allí en busca de dinero porque en París eran pobres. Sin que nadie la diga nada, Lola limpia el cuarto de su madrina por gusto y agradecimiento, y esa sencillez hace que Marcelo se enamore más de ella, además de ganarse la buena voluntad de Lorenza.

Silvana y Priscila no soportan a Lola
Silvana y Priscila se enfrentan a Lola, exigiéndola que se vaya de la casa, pero Lorenza está dispuesta a acoger para siempre a Lola en su casa. Más tarde, Lorenza y Regina se pelean, hablando de sus hijos, ya que, para cada una, sus hijos son los mejores, además, Regina la critica que haya acogido en su casa a una harapienta, refiriéndose a Lola. Y Lorenza le da un gran cuarto a Lola en su casa, donde ella guardaba trastos viejos, pero lo arregla para su querida ahijada, por la que siente mucha ternura. A escondidas de su patrona, Nicolasa (la empleada de Regina) se enreda con Nacho (un empleado de Lorenza), y Nicolasa se pone celosa al ver como Nacho enseña a Lola cómo debe trabajar con las vacas de la hacienda. Cuando el hijo pequeño de Regina (René) hace otro de sus experimentos al que ha llamado “electrohuevo” porque descascarilla los huevos; al ponerlo en funcionamiento, sufre una explosión en la comedor de la casa de su madre, quien se pone furiosa porque llenó de huevo todo el comedor. Furiosa porque Lorenza acogió a Lola; Regina enfrenta a Lola, advirtiéndola que no se atreva a pasar a su hacienda y a sus previos porque la echaría de inmediato. Pero cuando ven a Lola; Romano, Renato, Ricardo y René (los cuatro hijos de Regina) se quedan sorprendidos por la belleza de Lola.

Silvana y Priscila intentan ahuyentar de la casa a Lola
Para ahuyentar a Lola de la casa; Silvana y Priscila le hacen creer a Lola que Lorenza no es tan bondadosa y generosa como parece porque ella tuvo una sirvienta a la que maltrató, además, la dicen que Lorenza echó y humilló a Don Pablo (el sepulturero), después de que éste fuese a visitarla. Y creyendo en las mentiras de Priscila y Silvana; Lola se marcha y va al cementerio para preguntarle a Pablo si su madrina Lorenza le echó de la casa, pero él la confirma de que es una mentira de esas arpías. Mientras que, Lorenza y Marcelo están muy preocupados por el paradero de Lola, y Nacho (el capataz de la hacienda de Lorenza) le dice a Marcelo que la huída de Lola debió ser por Priscila y Silvana, a las que vio por la noche saliendo del cuarto de Lola. Y Priscila abofetea a Nacho por haberle contado a Marcelo que ella y su mamá estuvieron hablando con Lola. Pero, como no quiere poner en problemas a su madrina, Lola decide escaparse, pero Marcelo la encuentra y la pide que regrese con ellos. Aunque quería ocultárselo, Lola les acaba contando la verdad a Lorenza y Marcelo y, por esto, Lorenza enfrenta a Silvana y Priscila, quienes lo niegan. Después, Silvana comienza a gritar histérica e intenta llamar la atención amenazando con suicidarse tomándose pastillas, pero su hija Priscila es la única que lo detiene, con tan mala suerte de tropezarse y caerse en la bañera. Para hacer reaccionar a Priscila; Nacho le hace el boca a boca a Priscila, quien se pone furiosa al ver como el capataz de la hacienda la besa. Y Priscila le hace creer a su tía Lorenza que está muy mal tras la caída que sufrió, para que su tía no las eche a ella y a su madre de la hacienda.

Regina quiere que su hijo Ricardo sea sacerdote
Para demostrar a Lorenza que sus hijos son mejor que Marcelo; Regina le propone a su hijo Ricardo que sea sacerdote, ya que ella piensa que él podría ser cura porque canta en el coro de la iglesia, pero a él no le gusta nada esa idea; aunque Regina sigue empeñada y por eso invita al cura del pueblo (el Padre Cayetano) a su casa y, para remediarlo, sus hermanos le aconsejan a Ricardo que se consiga una novia para que su madre Regina olvide la idea de convertirle en cura. Para que no siga habiendo malos entendidos entre ellas, Lola decide ir a hablar con Silvana y Priscila, quienes la dejan muy claro que no se involucre con ellas porque no quieren saber nada de ella, y Lola les dice que la traten con respeto y ella les tratará con el mismo respeto. Caminando por el pueblo, todos (en especial los cuatro hijos de Regina) se quedan muy sorprendidos al ver que “el alma en pena” (Lola) es muy bella, mientras Aquiles Barraza se queda mirando fijamente a Lola, quien siempre ha temido a ese viejo tacaño y desaliñado. Después de que Priscila se asustase de ver al viejo harapiento de Aquiles Barraza; Marcelo y Lorenza le explican a Priscila que por el pueblo se dice que Aquiles Barraza es un hombre con una fortuna incalculable, a pesar de ser un tacaño que no se gasta dinero ni en alimentar a los cerdos de su casa, ya que recoge las sobras de la comida de las casas de Regina y Lorenza. Para que Regina se olvide de la idea de convertir a su hijo en sacerdote, Romano convence a Esperanza Capurro (una atractiva señorita del pueblo, con los dientes extremadamente grandes, por eso la llaman “La Coneja Capurro”) para que se haga pasar por la novia de Ricardo y, al verles juntos, Doña Regina se pone furiosa y reprocha a su hijo que se haya ennoviado con esa mujer tan vulgar y ridícula.

Ricardo consigue una novia falsa, mientras Lorenza es envenenada
Como no se cree que su hijo Ricardo tenga tan mal gusto, Regina sospecha que Ricardo se inventó que Esperanza era su novia para huir del seminario, por eso, Ricardo sigue con su falso noviazgo con Esperanza Capurro, a la que Doña Regina critica por vestir tan provocadora. Y para que deje a “La Coneja Capurro”; Doña Regina le propone a su hijo que ella se olvidará del seminario, si él se olvida de “su novia”; y Ricardo acepta encantado la propuesta. Después de que Doña Lorenza la diese a Lola la mejor habitación y la comprase vestidos; Juana (la empleada) siente celos de Lola, a la que advierte que es hija de una gran maga y que podría hacer hechizos en su contra si la arrebata el puesto de empleada que ella ocupa en la casa de Doña Lorenza. Al saber que Lola teme a Aquiles Barraza; Lola le explica a Marcelo que le tiene miedo porque cuando murió su padre, Aquiles la echó de su casa (siendo ella una niña) diciendo que era su propiedad y que su padre no le había pagado la renta y que, por eso, ya no la pertenecía la casa. Y al ver a Lola con Marcelo; Priscila se pone muy celosa e histérica, ya que él además la rechaza cuando ésta le propone que salgan juntos. Y para tranquilizar a su hija; Silvana le da una bofetada a Priscila. Para no intrometerse en el trabajo de Juana; Lola deja de limpiar la casa y se dedica a ayudar a los trabajadores de la hacienda con las vacas. Pero, Juana está furiosa y le echa purgante de las vacas a la bebida de Lola, pero esto se lo bebe Lorenza, quien se pone muy pálida y con mareos, y acaba desmayándose repentinamente. Y a pesar de su rivalidad, Regina está muy preocupada por Lorenza, a la que internaron por unas horas en una clínica para desintoxicarla y después ella volvió a su casa.

Aquiles Barraza intenta abusar sexualmente de Lola
Sin saber que es lo que realmente la ha ocurrido, Doña Lorenza cree que podría morirse en cualquier momento y le dice a su hijo Marcelo que debería de vender algunas de las propiedades de la ciudad para dejar todo organizado cuando ella fallezca, diciéndole que parte de su dinero lo donaría al pueblo de Horneros, dejándole dinero también a su hijo Marcelo. Y al escuchar esto, Silvana le dice a su hija Priscila que a partir de ahora la ayudará a enamorar a su primo Marcelo, para así quedarse con la fortuna de Lorenza de Machado. Como Juana intentó asustarla haciéndola creer que ella heredó los poderes de madre maga, Lola se venga de Juana haciéndola creer que podía trasmitir el frío de la muerte porque tenía pacto con los difuntos después de haber permanecido tanto tiempo en el cementerio. Más tarde, Lorenza le dice a Lola que recibirá un sueldo por estar trabajando con las vacas, aunque Lola al principio no quería recibir nada de dinero. Cuando Marcelo se estaba duchando, Priscila se mete ahí y comienza a besarlo apasionadamente, pero él la rechaza. Como Regina se niega a ayudar al jefe del bar “Los Gozosos”; Lorenza, para llevarla la contraria, acepta la propuesta de Fabián Poncela ayudándole en un concurso de pasteles para recaudar dinero benéfico para el centro de salud del pueblo y, al enterarse, Doña Regina acepta participar en ese concurso. Mientras que, Regina tiene que lidiar con sus hijos, ya que su hijo René inventó un dispositivo para el coche para que tuviese más fuerza y, al arrancar, el motor del coche estuvo a punto de explotar y ninguno de sus hijos sabía extraer el dispositivo y, aunque Marcelo les quiso ayudar; Regina no quiso para demostrarle que sus hijos no necesitan ayuda. Aprovechando que no estaba en la casa Marcelo y Lorenza; Aquiles Barraza entra en el cuarto de Lola para exigirla que la pague los dos meses de renta que le debía su difunto padre, además él intenta abusar sexualmente de la joven y, para impedirlo, Nacho (el capataz) le saca a golpes.