María Helena Doering


La bella y talentosa actriz María Helena Doering encarna el papel de madre del protagonista en ‘Bella Calamidades’, dando vida a Doña Lorenza, una mujer de gran carácter y de gran corazón.

La colombiana fue modelo en sus inicios en el mundo artístico, con gran éxito en Europa. Empezó haciendo un comercial de ‘Kolynos’. Luego vinieron sus inolvidables apariciones para ‘Coffee Delight’. Trabajó a los 13 años con los fotógrafos más importantes de su natal Cali (Colombia). Su abuelo es alemán, su padre boliviano y su madre colombiana. Estudió en Londres, domina el francés, el inglés, el italiano y el español. Viajó a Italia en 1980 y se quedó 13 años. Un ejecutivo de Alfa Romeo se atravesó en su camino, en 1986, y la descubrió mientras hacía traducciones para un evento de la Fiat. Se vinculó a la agencia Fashion Models, en Milán. Apareció en 67 comerciales de televisión en cinco años y trabajó en Japón, Alemania, España y Francia.

En 1993, fue contactada por Julio Sánchez Cristo para protagonizar la telenovela ‘La maldición del Paraíso’, en Colombia y, desde ese entonces, ella se convirtió en actriz. Después, realizó varias telenovelas en Colombia: ‘Las aguas mansas’ (1994), ‘La viuda de Blanco’ (1996), ‘Adrián está de visita’ (2001), ‘Milagros de amor’ (2002), ‘La venganza’ (2002), ‘Te voy a enseñar a querer’ (2004) ‘La Saga, negocio de familia’ (2004), ‘Hasta que la plata nos separe’ (2006), ‘Victoria’ (2008) y ‘El penúltimo beso’ (2009). Además, en el 2005 y 2006 hizo tres películas: ‘Mi abuelo, mi papá y yo’, ‘Rosario Tijeras’ y ‘Las cartas del gordo’.

Entre el 2009 y el 2010 ha grabado junto a Danna García y Segundo Cernadas la telenovela ‘Bella Calamidades’ (de RTI-Telemundo). Y actualmente participa en la novela de época de RCN: ‘La Pola’. Aunque no ha parado en su carrera profesional, siempre ha considerado la familia y los amigos su prioridad.

-María Helena, ¿cuándo decidiste ser actriz?
Lo tuve claro desde pequeña. En el colegio pertenecía al grupo de teatro y cuando fui a Europa a estudiar literatura di mis primeros pasos en el cine. En 1993 me llamaron desde Colombia para protagonizar la telenovela ‘La maldición del Paraíso’. Regresé a mi país y ya me entregué por completo a la interpretación.

-¿No te planteaste otra profesión?
Si no me hubiera dedicado a la actuación, quizás hubiera sido intérprete, porque de hecho fue a Francia para estudiar traducción.

-Has viajado mucho. ¿Cuál es la ciudad ideal para echar raíces?
La que mas me gusta es Londres, pero para vivir me quedo con Bogotá, porque tengo cerca de mi madre y a mis hermanos. Ahora se ha convertido en una ciudad muy interesante, ha mejorado notablemente. Además, he vivido en Japón, pero tiene una cultura muy diferente a la mía. También conozco España.

-¿Cómo es tu vida real?
Puedo decir con orgullo que soy una de las pocas mujeres que lleva felizmente casada 18 años. Además, tengo un hijo de 8 años maravilloso.

-¿Dónde radica el éxito?
Una pareja se trabaja cada día y en cada momento. Existen crisis, claro, y bienvenidas sean. El secreto es querer a la otra persona y que, al hacer balance, aunque haya ventajas e inconvenientes, siempre prevalezca lo bueno sobre lo malo. Hay que apreciar y valorar lo que se tiene.

-¿Cómo explicarías el amor de madre que sientes por tu hijo?
Nosotras nos enamoramos de nuestros hijos nada más nacer, aceptamos lo que venga, pero los padres quieren que sus niños sean lo que ellos no pudieron. El amor de madre, por el contrario, es gratuito e incondicional.

-¿Te gustaría que tu primogénito se dedicara a la actuación?
Sobre todo quiero que Alejandro sea feliz, así que no voy a meterme en esa decisión, ha de escoger él. Si desea ganarse la vida de cocinero, que sea un buen chef, si quiere ser actor, que sea el mejor. Es verdad que me haría ilusión que estudiase medicina para ayudar a los demás.

-¿Alguna vez te ha reprochado que pases poco tiempo con él, debido a tu trabajo de actriz?
No, pero pienso que los niños necesitan a su madre en casa, principalmente cuando están creciendo. Por eso ahora elijo papeles que me dejen pasar más tiempo con mi familia.

-¿Quién es tu mejor confidente?
Los secretos no se cuentan, pero me desahogo con mis mejores amigas, practico la “amigaterapia”. Creo que una noche de copas con ellas es el mejor modo de resolver los problemas. De vez en cuando quedamos, hablamos mal de los hombres, de tonterías de las que sólo nos reímos las mujeres, quizá por eso nunca he ido al psicólogo.

-¿Eres tan incondicional con tus amigas como en la telenovela de ‘Victoria’?
Sí, para mi las mujeres no son enemigas, sino aliadas. Somos muy cómplices porque los hombres no nos comprenden. Claro que nosotras tampoco los entendemos a ellos, ni queremos. No nos explicamos por qué nos dejan por un partido de fútbol, igual que a ellos les sorprende, porque no lo harían, que salgamos de casa en mitad de la noche para consolar a una amiga a la que acaba de dejar el novio.

-¿Tienes muchas amigas?
No demasiadas, porque la amistad es algo complicado, que se cultiva a través de los años, pero sí excelentes. He vivido en Italia, Inglaterra y en todos los países he dejado amistades que aún conservo.

-¿Temes que tu marido se fije en alguien más joven como le sucede a la protagonista de ‘Victoria’?
Es suficientemente inteligente para apreciar lo que tiene en casa. Si pone en peligro nuestra relación por otra mujer, espero no enterarme.

-¿Te da miedo envejecer?
Sí, imagino que como a todos, y no tiene nada que ver con la vanidad. Me aterra caer enferma y perder facultades, energía, elasticidad.

-Tienes un cuerpo envidiable, ¿lo mimas de alguna forma especial?
No, aunque opino que el ejercicio es una obligación y que hay que cuidarse física y espiritualmente.

-¿Cómo debe ser un hombre para que te enamore?
Muy divertido; además, tiene que entender mi profesión, confiar en mí plenamente y tener mundo. Así es Eduardo, mi marido, que fue el que me conquistó.

-Además de a tu familia, ¿a qué dedicas el tiempo libre?
Me encanta la lectura; leo mucho y de todo: novela histórica, poesía. Afortunadamente, puedo hacerlo entre escena y escena, porque tenemos muchos tiempos muertos. Lo que no puedo es ir de compras, al banco o hacer gestiones de ese tipo.

-¿Qué te queda por hacer?
Infinidad de cosas. Me gustaría que me ofrecieran una buena obra de teatro. Para un actor, la escena es como el concierto para un cantante: estás en contacto con el público y no tienes segundas oportunidades.

-¿Cómo es tu relación con Diana Quijano, donde has sido amiga en ‘Victoria’, y “enemiga” en ‘Bella Calamidades’?
Trabajamos una amistad fantástica, igual que la que se vio en la telenovela ‘Victoria’.

-¿Cuál es tu mayor virtud y tu mayor defecto?
Una virtud: la nobleza, y confieso que soy muy impaciente.

-¿Tienes alguna manía?
Sí, lo escribo todo para recordarlo.

-¿Y tienes algún vicio?
El café.

-Una película...
Me gusta ‘Gatopardo’ de Visconti.

-Un libro...
‘El amor en los tiempos del cólera’ de Gabriel García Márquez.

-¿Cuál fue el momento más feliz de tu vida?
El nacimiento de mi hijo Alejandro.

-¿Y cuál fue el momento más triste?
Sin duda, la muerte de mi padre.

-¿En qué te reencarnarías?
En un Ferrari, para que todos los hombres se fijaran en mí.

-¿Qué no puede faltar en tu bolso?
La agenda y la foto de Alejandro.

-¿Tienes alguna faceta desconocida?
Canto muy bien, pero nunca grabaría un disco.

-¿Tienes algún sueño?
Conocer a mis nietos.


María Helena Doering fue Lorenza Cardona de Machado en ‘Bella Calamidades’:

52 años. Mamá de Marcelo Machado, es la dueña de una hacienda lechera que le ocupa el tiempo y es su gran distracción, sobre todo después de la muerte de su esposo en un accidente. Lorenza es una mujer fuerte, de una franqueza que raya en la grosería, alegre, bondadosa, sin complicaciones extremas, comprensiva y cariñosa. Pero también muy agria y agresiva cuando se lo propone, especialmente con su gran enemiga: Regina de Galeano, la vecina que fue su mayor amiga durante muchos años. No pierde oportunidad para aproximarse al cercado que divide sus terrenos e insultarse con ella, a grito pelado, se diría que es su deporte favorito. En el fondo, la verdad es que Lorenza quiere entrañablemente a Regina, como a una hermana, pero por una razón oculta, en vez de demostrarle su aprecio, descarga toda su furia contra ella.

Es dinámica, ágil, vigorosa, monta a caballo, trabaja como un peón, hace los oficios sin ninguna pereza. Adora a sus vacas por las cuales ha ganado mucho prestigio en la región. También aprecia a sus trabajadores. Finge odiar a los hijos de Regina (por ser hijos de ella), pero les quiere.

Se interesa mucho por la suerte de su ahijada Lola Carrero, a quien trata de proteger, hasta que entran en juego los sentimientos de su hijo. Ante el conflicto que se presenta, permite que Lola se vaya de su casa y se ocupe en la de Regina y, a pesar de todo, no la descuida, siempre vive pendiente de ella.  

De buen humor, Lorenza es una señora justa, que aunque canta las verdades, se compadece de las holgazanas de su cuñada y su sobrina. Su gran preocupación es la felicidad y la estabilidad de su hijo. Es una mujer de carácter, que esconde su amor, su bondad y su preocupación. Tiene la frescura de una señora que adora el campo, la naturaleza y el cariño que siente hacia su prójimo. Físicamente se conserva bien, no es nada vanidosa y tampoco se preocupa por parecer bella, ni mucho menos. No se maquilla casi, ni viste extravagantemente, ella es pulcra y natural en todo sentido, por fuera y por dentro. Y cuando quiere ser elegante, lo es, porque es una verdadera dama.