Gustavo Angarita


Gustavo Angarita es un reconocido y veterano actor colombiano, que interpretó al desaliñado Aquiles Barraza en la telenovela de RTI-Telemundo: ‘Bella Calamidades’.

Se toma la vida con la tranquilidad y su sentido del humor envuelve a quien lo escucha, pero se cuestiona cada frase que sale de sus labios con ese toque de reflexión que sólo llega con los años. Con simpatía, cuenta que descubrió que no le gustaba trabajar, que era más cómodo levantarse y no hacer nada, o mejor aún, no levantarse. Pero, después la misma vida le enseñó que tenía que hacer algo para poder vivir, comer rico y dormir tranquilo. Después se dio cuenta de que todos los trabajos eran horribles, que lo suyo no era el Derecho ni la Filosofía y las Letras sino la actuación que, en un principio, ejercía en obras de teatro en la universidad. En clases de Zen conoció el pavor a las arañas y a los 60 años supo que, con esa edad, la gente le estaba olvidando.

Siempre ha trabajado como actor. Ha hecho teatro, televisión y cine, y de los tres no se queda con ninguno, pues prefiere vivir el momento y explorar el presente. Confiesa que la única vez que se ha visto actuando, lo hizo borracho porque prefiere no verse en pantalla y mucho menos ver a su hijo, porque cada vez que ve algún error, éste puede mandarle de urgencia al psiquiatra.

Su vocación secreta como actor está lejos de ser el enamorado de una historia llena de lágrimas y finales agridulces. Le hubiera gustado interpretar a Sigmud Freud, Carlos Marx o Einstein, personajes que no se enamoran sino que piensan, que se desligan del conflicto afectivo y erótico “porque llega un punto en que uno ya no resiste, ya que, qué hace uno enamorándose hasta del gato”, confiesa el actor entre risas.

Asegura que no tiene influencias a la hora de pintar, pero algunos le han dicho que sus obras son surrealistas mezcladas con arte pop. Y lo acepta, porque hace treinta años, cuando vivía en París, se estrelló con las obras de Salvador Dalí, de Magritte, de Paul Klee y de Miró, que dejaron una huella en su memoria y todavía alimentan su espíritu creativo con pinceladas y tonalidades, invitando a lo irreal a hacer parte de su realidad.

Se le conoce en Colombia por su barba blanca, espesa y profunda, como su mirada. Sus ojos esconden la naturaleza interior del hombre que sale a flote con la fluidez y la sinceridad de un niño. Cada palabra que dice está envuelta en una estela de irrealidad. Lleva más de 40 años casado con Margarita, la mamá de su único hijo, Gustavo, que también es actor, aunque él dice que su hogar desapareció con el paso de los años, cuando su hijo se fue de la casa y se casó. Sin embargo, siente la necesidad de estar cerca a su compañera aunque sabe que tarde o temprano los dos se separarán cuando dejen de existir.

-Gustavo, ¿por qué aceptaste tu último rol para la televisión?
Porque me pareció interesante interpretar a un hombre especial, jocoso y diferente a los demás en ‘Bella Calamidades’. Julio Jiménez (el escritor) me dijo que hiciera el papel. Con él nos conocimos hace años cuando era actor en la obra ‘Madame de Sade’ y como sabíamos de la existencia el uno del otro, decidimos apoyarnos y efectivamente fue un personaje muy original.

-¿Te asustan los personajes de abuelo?
No, porque es un reflejo de la vejez, de la vida, de lo que soy como ser humano. Ya no me buscan para ser papá y se siente bien porque está proyectándose el tiempo. Tal vez dentro de poco me toque hacer de muerto y está bien.

-¿Qué no te gusta de la actuación?
Esto me ha puesto tantas cosas buenas como sinsabores, porque trabajar es horrible y es relativo el disfrutar lo que se hace porque todo depende de lo que ofrezcan; los compañeros de trabajo, el ambiente e incluso el personaje.

-¿Cómo ves a tu hijo Gustavo Angarita Jr. actuando?
Le admiro, pero prefiero no verle cuando actúa porque siento que le puedo criticar y destruir. Siempre veo los defectos y me molesta mucho eso. Lo mismo sucede conmigo, nunca miro lo que hago.

-Háblanos de tu otra pasión, a parte de la actuación: la pintura...
A mis amigos que les he regalado pinturas les gusta lo que hago por el color, pero nunca entienden lo que pinto, así que decidí poner una especie de reseña en cada una de las pinturas para que nadie se pierda buscando entender lo que refleja cada una. Sin embargo, no suelo regalarlas, pues las pocas que he ofrecido a mis amigos las di estando borracho y las que conservo en mi casa son un recuerdo que prefiero dejar puesto en las paredes. He vendido algunos, pero la verdad no me gusta ponerme en eso, prefiero que el paso del tiempo decida hacer lo suyo y que cuando alguien los vea sea otro el lenguaje que interprete cada lienzo.

-¿Te consideras artista?
No, la gente le da ese crédito a uno y cuando lo dicen agradezco, pero yo no lo considero.

-¿Qué te hace falta por hacer?
Aficionarme a la heroína, pero sé que sería perjudicial, entonces prefiero evitarlo (risas).

-¿Qué le robarías a la vida?
En una época pensaba que debía hacer eso, pero ya no.

-¿Qué es lo que más te gusta del teatro?
Lo que me gustó del teatro fue la apropiación de personajes y en eso fue en lo que me formé. Yo no soy capaz de dirigir ni de escribir, para eso hay directores y libretistas muy hábiles. A mí siempre me ha bastado con salirme de mí mismo y meterme en la piel de alguien. El teatro siempre ha sido una relación más de necesidad que cualquier otra cosa, porque nunca he tenido un vínculo emocional con ningún movimiento, inclusive durante los primeros años trabajando en esto, nunca imaginé que haría televisión o cine.

-¿Sentías nervios cuando salías al escenario de cualquier teatro?
Yo pensé que con el tiempo iban a desaparecer, pero en la última, que fue la versión de ‘Cien años de soledad’ en el Teatro de Bellas Artes (en Colombia) el año pasado, me dio pánico en plena función. Es un peligro que me invade y que me encanta, porque lo que menos me gusta es sentir el tedio de repetir funciones con toda la seguridad del mundo.

-¿Recuerdas tu primera incursión en el teatro?
Tampoco puedo decir con claridad cuál fue el primer proyecto para el que trabajé, porque lo mismo que hacíamos en escena, se hacía en televisión.

-¿Y qué nos puedes contar de tu incursión en el cine?
Trabajé en ‘Bajo la tierra’. Curiosamente la dirigía el mejor director de teatro de Colombia llamado Santiago García, pero era horrible técnicamente, pero la mejor cinta en la que trabajé fue ‘Tiempo de morir’, que me dio mayor reconocimiento en el séptimo arte.

-¿En qué crees?
En nada, ni siquiera en las supersticiones, símbolos o mitos.

-¿Qué es lo mejor de ser actor?
Todo y lo malo también todo (risas).

-¿Cuál es tu lugar preferido?
Antes me gustaba el borde del mar, la costa. Pero ahora prefiero resguardarme en mi casa.

-¿Qué te gusta hacer en tu tiempo libre?
Ver a los nietos, pero no todos los días porque se cansan de uno y uno también de ellos.

-Lo que más te gusta comer...
El desayuno con un café con leche, porque es lo único que sé hacer.

-Un lugar por conocer...
Paris en el Siglo XVII, pero eso ya es imposible.


Gustavo Angarita fue Aquiles Barraza en ‘Bella Calamidades’:

Tiene 60 años, aunque aparenta muchos más. Es un viejo misterioso que vive en el “Alto del yunque” en las montañas que circundan a Horneros. Habita en una casona grande y derruida que le dejó su familia, de la cual no queda más que él. Su trabajo es criar y mantener a sus cerdos con los desperdicios que recoge en las casas del pueblo, donde siempre aparece montado en su mula, con los tarros y vasijas. Parece un retrato. Quizás porque nunca se le ve que cambie de ropa. Siempre usa el viejo sombrero raído y aplastado, que ya no se sabe de qué color es, al igual que el abrigo, la camisa y los  pantalones que sujeta con una cabuya, pues el hombre es demasiado tacaño para comprar una correa. Tampoco usa zapatos. Usa alpargatas, pues los pies anchísimos y deformados no le podrían caber en ningún calzado.

Tiene una barba larga y muy descuidada. Su apariencia huele, de lo sucia que es. Se nota que nunca se baña y es el más cerdo de sus puercos. Además es tacaño a morir. Lo que gasta, lo gasta con dolor y casi ni come para no perder la plata. Pero, sobre este personaje se han tejido muchas historias. Dicen que la familia le dejó una inmensa fortuna, que tiene muchas propiedades y hasta un tesoro escondido en la derrumbada casa, pero él no gasta un centavo. De voz ronca, el viejo es grueso, más bien bajo y agresivo, siempre vive prevenido y dispuesto a defenderse con su escopeta que nunca le falta y con la cual ahuyenta a los entrometidos que se atreven a acercarse a su rancho, con la intención de robarle sus supuestos tesoros. Es antipático, malicioso, malintencionado, ofensivo, en definitiva, un ser indeseable, que no sabemos cómo aguanta la gente de Horneros. El caso es que es un tipo tremendamente misterioso.

Tiene mucho que ver con Lola, ya que es el padre de la mamá de ella, por lo tanto, Aquiles es el abuelo de Bella y nunca le perdonó que se hubiera casado con un pobre minero, como lo era José Carrero. Durante buen tiempo el viejo parece ser el verdugo de Lola, pero luego cuando vive con ella, se convierte en su salvador, sin proponérselo. Alguien que puede ser peligroso, pero que posiblemente oculta un pasado secreto que saldrá a la luz, cuando muera, dejando de heredera a Lola. El viejo da miedo. Quizás por eso espanta en todo momento a Priscila.