Roberto Mateos


Roberto Mateos, establecido hace tres años en Miami con su esposa, ha grabado una veintena de series en siete países diferentes. En los primeros capítulos, Roberto Mateos era el único que podía responder a la pregunta de: “¿dónde está Elisa?”, Bruno Cáceres, el personaje que interpreta el actor mexicano en la telenovela, era el secuestrador de la joven Elisa, cuya desaparición desata un entramado de mentiras, hipocresías y doble vida en la familia Altamira.

Estudió Contabilidad, pero Roberto descubrió que su verdadera vocación estaba en la actuación, por lo que decidió dejar atrás los números y mudarse a Los Ángeles para convertirse en actor. Una de las ventajas que el actor mexicano destaca de su profesión como actor es la posibilidad que tiene para vivir experiencias extremas. Primeramente, fue modelo y después comenzó su carrera en las telenovelas, como ‘Al norte del corazón’, ‘Escándalo’, ‘Amantes del Desierto’, ‘Vale Todo’, ‘Ladrón de Corazones’, ‘Amarte Así, Frijolito’, ‘Sin Senos no hay paraíso’, ‘Doña Bárbara’ y ‘Más sabe el Diablo’.

-Roberto, ¿en qué te pareces a Bruno, tu personaje de ‘Dónde está Elisa’?
Cada personaje tiene un poco de uno, con Bruno quizás comparto el mal genio. Soy muy tranquilo, pero, como buen Tauro, aguanto y aguanto y cuando exploto, lo hago muy fuerte.

-¿Cómo definirías la historia de ‘Dónde está Elisa’?
Es una historia diferente, en un formato de miniserie, que contiene además muchos misterios. No es la típica novela de cuerpos bonitos en bikini, en la playa. Incluye actores de trayectoria, que somos aún jóvenes, pero no muchachos. En esta telenovela todos los personajes son protagonistas, cada uno tiene su historia y un peso muy fuerte.

-¿Cómo recuerdas tu trabajo en ‘Más sabe el Diablo’?
León me permitió ser completamente opuesto a quien es Roberto en la vida real. Me puse a ver las películas de ‘El Padrino’ y otras sobre gánsters, de las cuales conseguí captar las actitudes de algunos de sus personajes. Es así que encontré el tono de León, un maloso que maltrata a su hijo, dueño de un cabaret, lugar que usa como fachada para esconder sus negocios turbios.

-¿Qué aspectos negativos te ha causado tu profesión de actor?
Estar brincando de país en país me generó inestabilidad, lo que me costó un matrimonio. Ni modo. Uno tiene que seguir adelante. Afortunadamente, la gente le presta atención al trabajo que realizo y algunos buscan, incluso, aprender un poco de esa experiencia. Eso es gratificante.

-¿Qué extrañas de tu país natal (México)?
Extraño la auténtica comida mexicana, con verdadero picante. Pero, mi esposa es chef y me cocina.

-¿Por qué decidiste radicarte en Estados Unidos?
Estados Unidos es el séptimo país en el que trabajo. En México las condiciones de trabajo son más difíciles que en Estados Unidos, en Miami en dónde estoy radicado actualmente hay más trabajo, pagan mejor, además la inseguridad en México es bastante alta y es algo que no tengo en donde vivo y me genera tranquilidad.

-Eres mexicano, pero también tienes sangre árabe, ¿de dónde provienen estas raíces?
Mi abuelo paterno llegó a México desde Damasco, Siria, y mi abuela, desde Jerusalén. Así que tengo sangre árabe y judía, pero me crié como católico.

-¿Por qué no te dedicaste a ser contable, la carrera que estudiaste?
Porque, aunque soy bueno para los números, no para estar sentado en un escritorio. La vida me fue llevando a hacer lo que hago hoy. Conocí a personas que trabajaban en publicidad y comencé en ese mundo.

-¿Qué recuerdos tienes cuando comenzaste como un chofer en la telenovela ‘La pícara soñadora’?
Pienso que uno debe empezar desde abajo. Si subes muy rápido, después la caída es desastrosa. He podido mantenerme trabajando porque, al empezar desde abajo, aprendí de los que estaban arriba en ese momento.

-Una de tus actuaciones memorables fue como la de Lorenzo Barquero en ‘Doña Bárbara’, ¿cómo recuerdas esta experiencia?
Fue una novela que me llenó muchísimo, un clásico que me permitió ver las versiones filmadas en diferentes países y, sobre todo, la de María Félix (de 1943) y Andrés Soler como Barquero, en esa época la manera de actuar era más poética y textual.


Roberto Mateos fue Bruno Cáceres en ‘¿Dónde está Elisa?’:

Casada con Cecilia Altamira, padre de Eduardo y Flor. El tío de Elisa. A veces, cuando está en su taller a solas, dibujando algún bosquejo o simplemente observando la vista que tiene a través del ventanal, Bruno se atreve a pensar que es un genio. Recuerda los imponentes edificios que ha construido, los premios que ha recibido por ellos. Se siente orgulloso de sus logros y considera que su vida es perfecta.

Desde que estaba en la universidad sus novedosas ideas cobraron notoriedad. Pronto empezó a trabajar y tuvo la libertad para participar en proyectos importantes y prestigiosos. Los premios vinieron con los años y su nombre se consolidó hasta ser un referente en la arquitectura nacional. A los 42 años, le nombraron decano de una Universidad privada y se transformó en el profesor estrella. Le encanta relatar sus experiencias ante un montón de alumnos y alumnas impresionados con su éxito.

La verdad es que Bruno Cáceres tiene un ego del tamaño de los edificios que construye y necesita que se lo alimenten constantemente. Es encantador, sabe gozar de la vida y lo hace por todo lo alto. Lleva quince años casado con Cecilia Altamira, la hija mayor de una de las familias más poderosas del país, dueños de numerosas empresas y de una impresionante fortuna.

Bruno ha sabido ganarse un lugar en la familia Altamira, durante años luchó contra la oposición de su suegro, hasta que el éxito de su trabajo lo convenció. Para los Altamira, lo más importante era el éxito y estaban dispuestos a comprender las excentricidades de Bruno, si era considerado uno de los genios de la arquitectura nacional. Junto a Cecilia, han vivido un matrimonio de éxitos y lujo. Bruno durante los primeros años de matrimonio, viajaban a Europa tres veces por año, y las amantes de Bruno eran menos frecuentes que ahora.

En la casa Cáceres Altamira, Cecilia es la encargada de que todo funcione. Bruno aporta la alegría y las fiestas. Es el tío favorito de los primos, que lo consideran genial, especialmente cuando fuma marihuana en alguna fiesta familiar y se ríe ante los reproches de Cecilia o Mariano. Al único de los niños que no le causan gracia las locuras de Bruno es a Eduardo, su hijo, que lo considera un hombre egoísta, incapaz de oír a los demás.

Bruno tiene un estudio de arquitectura donde desarrolla sus proyectos más personales. Ahí trabaja junto a su cuñada Viviana y Ricardo de la Fuente, joven arquitecto, en cuyo talento Bruno descansa. Ambos fueron alumnos de Bruno en la universidad y lo idolatran, los tres salen mucho juntos e inventan nuevos proyectos en los bares de madrugada, o van a fiestas con los bohemios amigos de Bruno.

Cecilia tolera la vida desordenada de Bruno, porque le ama, ha logrado que su matrimonio alcance un estado de equilibrio y no lo quiere arriesgar. Bruno sabe que tiene sus licencias, pero también tiene claro que su vida no sería lo mismo sin Cecilia a su lado, ella le da estabilidad y Bruno la necesita.

El egoísmo de Bruno, le impedirá ser un verdadero apoyo para su familia después de la desaparición de Elisa. La relación con su hijo Eduardo hará crisis en medio de la tragedia.