Gabriel Porras


Gabriel Porras confiesa que sabe cómo enamorar a una mujer y considera que por eso lo siguen tanto, aunque él sólo tiene ojos para su mujer, la también actriz Sonya Smith, con la que ha protagonizado ‘¿Dónde está Elisa?’.

El reconocido actor mexicano posee una trayectoria artística que incluye más de 40 obras teatrales, lo que le dio la base para desarrollarse como actor. ‘El Alma Herida’ de Telemundo fue su primer protagónico en la televisión. ‘Olvidarte Jamás’, ‘Prisionera’, ‘Madre Luna’ y ‘El Rostro de Analía’ son algunos de sus trabajos más importantes. Porras también se ha desempeñado exitosamente en el cine habiendo participado en ‘Entre Villa y una mujer desnuda’, ‘Bajo la misma Luna’ y ‘Reflejos’. Por último, el público disfrutó de su talento como Mariano Altamira en ‘¿Dónde está Elisa?’.

-Gabriel, ¿qué significa el papel de Mariano Altamira en tu carrera profesional?
Este es uno de mis mayores retos de mi vida, sino es el mayor. Yo tenía mis preferidas en las novelas, tengo 20 años actuando, haciendo cine, teatro, televisión, y ‘Dónde está Elisa’ se ha convertido en mi favorita y por mucho. Es un libreto que ya tiene muchas cosas que decir, uno nada más tiene que meterse en esa situación y solito vuela. Tiene un formato diferente, de película, y emotivamente es un sube y baja, una montaña rusa que no va a terminar de principio a fin. Cuando leía los capítulos, cada día, te lo juro, era un dolor y una emoción nueva. La gente que le prohíbe la libertad a otro ser humano me parece la más abominable que hay bajo la faz de la tierra. Es terrible y espero que esto sirva como una denuncia, como una condena para aquellos que no tienen el corazón para entender que todos somos hijos de alguien, que todos somos hermanos de alguien o amigos de alguien y el hecho de que lo separen a uno de su familia puede ser algo devastador.

-¿En qué te pareces a Mariano?
En el amor por su familia, es un tipo que considera que el valor más importante es la familia y va a hacer todo por conservarla. Obviamente sus decisiones no siempre son las más acertadas, pero digamos que es en lo que más se parece a mí.

-¿Qué castigo crees que se hubieran merecido los secuestradores?
El peor de los castigos. Yo creo que privar de la libertad a un ser humano es algo que tiene que castigarse con lo máximo, porque creo que nadie tiene derecho a quitarle la libertad a alguien.

-¿Qué te atrajo de esta gran producción?
Cuando supimos (Sonya y yo) del proyecto nos fuimos a internet a ver cómo habían hecho el original chileno, que es una gran producción, muy bien actuada, muy bien dirigida, tiene el formato de serie más que de telenovela, y esto nos atrajo muchísimo; es un reto porque es una historia que tiene que ver con nuestra cotidianeidad y con personajes reales con muchas dimensiones.

-‘Dónde está Elisa’ se aleja mucho de la trama que se suelen contar en las telenovelas...
Sí, la gente lo está pidiendo. La gente está cansada de la misma historia. Creo que durante muchos años México fue la meca de las telenovelas, pero siento que se quedaron un poco en la historia rosa, en la historia convencional. Sin embargo yo siento que la gente ya está lista para pensar un poquito más, historias que sirvan de ejemplo para que seamos una mejor sociedad. El mundo se nos está cayendo a pedacitos en todos los sentidos. Si nosotros, a través de la televisión, no damos un ejemplo de lo que podría ser bueno o podría ser malo, no estamos haciendo nuestra labor como artistas.

-En cuestiones de dinero, ¿cuál es tu percepción ante la historia rosa que es más comercial y una historia de contenido fuerte como ‘Dónde está Elisa’?
Obviamente es un riesgo porque evidentemente en los mercados lo que importa es el dinero que genere. Para mí no, para mí lo importante es el mensaje, para mí lo importante es que los seres humanos entendamos que estamos compartiendo un mundo, que cada vez nos está quedando más chico, para poder hacer una mejor vida todos. Siento que ya estamos dando gritos para cambiar la situación que hemos vivido, situación de desigualdades, problemas de fronteras, etc.

-¿Eres un buen conquistador?
No soy un hombre tan guapo, pero tengo lo mío, es que creo que el concepto de galán tiene que ver con alguien que sabe enamorar, conquistar y creo que ahí sí me considero bastante bueno, entonces no seré el más guapo, pero sí tengo esa habilidad para enamorar.

-¿Ha servido de algo que seas pareja de Sonya Smith para que en la ficción también lo seáis?
El hecho de tener una base sólida como pareja nos permite a la hora de grabar estar bien. Mi relación personal dista mucho que la que tiene Mariano con Dana; utilicé la base de nuestra relación pero la llevé a la situación que ellos estaban en esos momentos.

-Y entre tú y Sonya, ¿os dais consejos a la hora de actuar?
Sonya es muy receptiva y, a pesar de que estamos todo el día juntos, acepta que le comente cosas o ella a mí, a veces después de jornadas de trabajo pesadas estos comentarios no son tan bien tomados, pero gracias a Dios nos comunicamos bien y eso ayuda para la escena; nosotros no tenemos hijos pero la simple idea de saber que un ser querido se puede perder, de verdad detona muchas cosas en nosotros. Tengo la mejor mujer del mundo y ella siempre sabe hacer muy bien las cosas y me controla. Ella me tranquiliza. Tiene la cabeza bien puesta en la tierra y es la que me hace funcionar como pareja

-Para aquellos que aún no han visto la novela, ¿por qué les recomendarías verla?
Porque tiene muchos ejemplos de lo que tenemos y lo que no tenemos que hacer. Por ejemplo, Mariano Altamira tiene una doble vida, tiene a su mujer y a sus hijas y por otro lado tiene una novia muy bonita y él cree que lo puede tener todo, pero se da cuenta que no porque está a punto de perder a la mujer de su vida. O la misma historia de Elisa, que sabemos que los secuestros en México están a la orden del día, pero aquí toma otro tono porque Elisa no fue secuestrada, es la historia de una niña de 17 años con una vida aparentemente perfecta y que dices: “qué duro, como papás qué estamos haciendo mal, por qué se nos fue”. Entonces la novela nos da una perspectiva para entender mejor esas situaciones y para poder enfrentarlas. Yo creo que tiene muchos ejemplos de cómo podríamos hacer las cosas, el chiste es tomar conciencia de que tenemos que cambiar los seres humanos y no nada más en México, sino en el mundo entero.

-¿Qué es lo que más te gustó de trabajar en esta historia?
Lo que más me gusta de esta serie es que es una serie donde hay seres humanos reales, no hay este juego donde los buenos son demasiado buenos y los malos demasiado malos, casi como caricaturas. Esto nos ha permitido a todos los actores explorar la psique de cada personaje e irnos a profundidades que verdaderamente pueden atraer a la gente, porque en situaciones de esta naturaleza hay grandes dolores, grandes pérdidas, grandes frustraciones. Creo que eso ha enganchado mucho a la gente, además del formato que tiene también como de serie norteamericana. Todavía nos falta un poquito, pero ahí vamos en el camino.

-¿Cómo te encuentras al saber que ‘Dónde está Elisa’ ha sido muy bien recibida por los televidentes?
Muy contento evidentemente, porque más allá del éxito que ha tenido es una historia que se tenía que decir, es una historia que está sucediendo en el mundo y que tenemos que tomar conciencia de ella. Es una historia que habla del secuestro, que en mi país (México) está muy duro el asunto. Por lo menos puede ser una denuncia de situaciones que no queremos más.

-A pesar de todos los males de México, ¿te sientes orgulloso de ser mexicano?
Por supuesto, yo escucho el Himno Nacional aquí en Estados Unidos y se me pone la piel chinita. Soy orgullosamente mexicano y cuando voy por el mundo lo digo. Mi padre es colombiano, pero yo siempre me he sentido cien por ciento mexicano. Me encanta vivir allá, si la vida no me hubiera traído a trabajar acá, seguiría allá. Todo nuestro país es una hermosura, pero ahora estamos en una situación grave, el país está copado por el narcotráfico, por el lavado de dinero, pero por eso tenemos que ser más mexicanos que nunca y salvarlo.

-¿Crees que la violencia que se vive en México influye para que se tache a los mexicanos de problemáticos?
Yo creo que nosotros como mexicanos debemos dejar de echar culpas a los demás. Yo nací en el sexenio de Díaz Ordaz y desde que me acuerdo siempre hemos culpado al presidente en turno de nuestros males. Yo como mexicano no quiero seguir echándoles la culpa a los demás, nuestro país debería estar en el cuerno de la abundancia, es uno de los países más ricos del mundo y debe tener el lugar que se merece. Desgraciadamente como mexicano, yo alguna vez di una mordida y al dar una mordida me convertí en un criminal, porque acepté que se transgredieran las leyes, apoyé la corrupción. Entonces ahora yo les digo que no lo hagan, ése es nuestro principal problema.

-¿Qué crees que es necesario para salvar a tu país?
Que cada quien haga una toma de conciencia personal. Cada individuo tiene que entender que si da una mordida, está mal. Debe entender que no debe hacer trampa para ganar. Hay que apasionarnos por lo que hacemos, no tener miedo, tomar la vida como viene, que así como tomamos la fiesta, como nos unimos para apoyar a la selección, así tenemos que unirnos para decir: “yo voy a apoyar a esta niña porque no tiene para comer, yo le voy a dar a esta señora que le hace falta algo”. Siempre estamos muy acostumbrados a recibir y a pedir, pero hay que enseñarnos a dar. Yo creo que es el momento para tener una transformación de conciencia, que esté basada en ayudar a los demás, en pensar en los demás.

-Después de terminar ‘Dónde está Elisa’, ¿qué planes tienes?
Sé que estoy firmado con Telemundo con un proyecto más, el problema es que todavía no hemos decidido qué proyecto va a ser. Te puedo decir que en Miami vamos a estar haciendo teatro mi mujer y yo porque somos “workaholics” (adictos al trabajo) y no podemos dejar los escenarios nunca. Mientras la televisión no nos aclame, ni el cine, vamos a estar haciendo teatro en Miami.


Gabriel Porras fue Mariano Altamira en ‘¿Dónde está Elisa?’:

Es el padre de Elisa. Hermano de Cecilia y Viviana, casado con Dana; padre de Elisa, Cristina y Olga. Como Gerente General de su conglomerado de empresas, Mariano es un hombre orgulloso de sus logros y consciente de sus capacidades. Su bisabuelo, don Leonardo Altamira, fundó la Viña que lleva su nombre hace ochenta años atrás.

Mariano (de 43 años) estudió leyes porque eran su pasión y durante varios años se destacó como uno de los mejores abogados penalistas del país. Tras la muerte de su padre, cuando él era aún un muchacho, Mariano decidió continuar la tradición familiar, un concepto elemental para entender su personalidad.

Convertido en el responsable de sacar adelante un negocio complicado y desconocido, al cabo de dos años logró consolidar las exportaciones y afianzar el nombre de la Viña Altamira en el mercado internacional. Hoy su gestión es constantemente elogiada y su talento a la hora de los negocios lo ha llevado a extender el imperio Altamira hacia la construcción (con la torre de 60 pisos que proyecta su cuñado Bruno), la exportación (con el negocio que controla su hermana Cecilia) y los medios de comunicación (con un periódico de circulación nacional). Mariano siente que cumplió el sueño de su bisabuelo.

Noble, de una corrección a menudo inquietante, muy apegado a las leyes y las normas de conducta, Mariano adora a su mujer y a sus hijas. A pesar de la falta de tiempo y los típicos problemas de comunicación, Mariano es un padre dedicado y presente. Lo mismo ocurre con su mujer, Dana, con quien no sólo comparte la casa, sino también la oficina.

Mariano conoció a la enóloga Dana Riggs, cuando ella estaba terminando sus estudios de Agronomía. Mariano se enamoró de ella y le dio tres hijas. Actualmente, la pareja intenta darse tiempo para lograr la intimidad, aunque a menudo el trabajo, las niñas y la vida doméstica se les hacen cuesta arriba. En su afán de que las cosas funcionen a la perfección, Mariano siempre ha intentado educar a sus hijas con cariño, pero un cariño riguroso, basado en la disciplina, el orden y la confianza.

De sus tres hijas, para Mariano, la favorita siempre será Elisa, la mayor, la primera. Con Elisa mantiene una cercanía muy particular, una relación de cariño y confianza, que se verá bruscamente interrumpida con su desaparición. Entonces, el orden de las cosas se resquebraja para Mariano. Todo aquello en lo que creía fervientemente, se derrumba de la noche a la mañana. Nunca se imaginó que algo así podía llegar a sucederle a un hombre como él.

Sumido en la desesperación, los peores rasgos del ser humano aparecen en Mariano. Acostumbrado al poder, no logra convencerse de lo ocurrido. Su personalidad choca desde un comienzo con la del comisario Cristóbal Rivas, el detective del Departamento de Policías de Los Ángeles (LAPD). Mariano detesta al policía y no tolera la lentitud de los procesos, razón que lo lleva a investigar por su cuenta. Mientras Mariano se dedica a encontrar pistas que lo lleven a Elisa, el comisario descubrirá ciertos detalles en el historial de Mariano Altamira que podrían explicar la desaparición de su hija y que, además, podrían hacer tambalear su estabilidad matrimonial.

Durante la historia, Mariano se obsesiona a tal punto con la búsqueda de Elisa que abandona con frecuencia a su mujer e hijas. Abocado a la tarea de configurar una escena de la desaparición y de encontrar testigos que hayan visto a Elisa durante esa noche fatídica, Mariano está en constante movimiento, olvidando su trabajo, su familia y especialmente, su matrimonio. Su sorpresa será mayúscula cuando el comisario Rivas descubra que durante los últimos dos años ha mantenido un romance estable con Isabel Ríos, su secretaria y asistente. El mundo del empresario del año colapsará definitivamente cuando comprenda que su mujer, Dana, la madre de sus hijos, ha encontrado el apoyo que necesita en los brazos del mismísimo comisario Cristóbal Rivas.