Otros personajes

Esperanza Rendón fue Esperanza Salvador:
La madre de Ángel, nunca dejó de amar realmente a Martín ni de soñar con que un día tal vez pudieran estar juntos de nuevo y ser felices junto a su hijo. Esperanza (de 39 años) siempre creyó que el estar separados no había sido decisión de Martín, sino de Graciela, su madre y por eso lo considera a él como una víctima de las circunstancias y aún más porque está convencida de que Martín jamás se enteró de que Esperanza no abortó a ese niño que engendró con él, a pesar de que Graciela la obligó. Se ha negado durante 23 años a revelarle a su hijo el nombre de su padre, por miedo a que el muchacho intente vengarse por las privaciones que ambos han tenido que sufrir a causa suya y sólo le dice que, llegado el momento adecuado, le dirá de quién se trata, si es que ese momento llega. Esperanza trabajó como camarera en un hotel de mediana categoría en Queens, donde tenía que cumplir turnos que a veces se prolongaban hasta la madrugada, todo para llevar un poco más de dinero a la casa, pues siendo ilegal, el dinero que le pagaban es mucho menor al que le correspondería, a pesar de que Ángel le insistía en que no lo hiciera. Pero la verdad es que con lo que Ángel ganaba en la banda no era suficiente y ella no tenía otra opción, lo cual era motivo de frustración y de más empeño en Ángel para ahora cambiar su vida. Desde que Sandro le ayudó el día en que dio a luz, Esperanza le está eternamente agradecida a él y a su esposa Susy, su única amiga, con quien se desahoga y quien le sirven de apoyo y consejo. Pero la amistad de Esperanza y Susy se pondrá a prueba el día en que descubra que Susy tiene relaciones con León y luego cuando Sandro se entera del hecho, lo cual los lleva a separarse. En la soledad tanto de Esperanza como de Sandro, ambos se unirán lentamente y terminarán enamorándose, a pesar de Susy y de sus intentos por recuperar a su marido. Esperanza se siente inmensamente agradecida con León por haberle conseguido el lugar donde vive hoy en día junto a Ángel y también por haberle ayudado económicamente mientras su hijo estuvo en prisión. Y más, teniendo en cuenta que había perdido el trabajo del hotel por culpa de una artritis que la aqueja desde hace varios años pero que en los últimos tiempos la ha incapacitado para trabajar, pese a que sabe que deberle dinero a León puede ser una sentencia a muerte. Al comenzar la historia, Esperanza ha entendido que tal vez se equivocó viniendo a los Estados Unidos detrás de una utopía y se culpabiliza del triste destino de su hijo. Pronto toma la determinación de regresar a su país, pero es entonces cuando sin quererlo siquiera, vuelve a escuchar el nombre de Martín Acero y se decide a buscarlo para contarle la verdad sobre Ángel, sin imaginar que lo que le espera es el rechazo y la humillación.

Jeannete Lehr fue Graciela Acero:
La madre de Martín y Cristian Acero. Es una mujer de apellido con una marcada necesidad de separarse de los “menos favorecidos”, arribista y con ínfulas de Reina de Inglaterra. Siempre vio en Martín a un digno hijo suyo y se maravilló desde que era un niño de su porte y lo apuesto que era y, orgullosa de que fuera su hijo, se concentró en él, mimándolo y consintiéndolo al punto de convertirlo en malcriado e irresponsable. Veneraba a su marido hasta el día en que murió y se dio cuenta de que más que bienes y propiedades, lo que Francisco había dejado eran deudas y problemas, aunque sólo ella y sus hijos saben esa verdad. Y por supuesto también la sabe Aníbal, primo lejano de Francisco y padrino de nacimiento de Martín, a quien ella recurrió en ayuda. Con Aníbal se comporta de manera zalamera y servil, siempre preocupada por todo lo suyo, por ayudarle en lo que él necesite y se ha hecho amiga de Arianna, su esposa, a pesar de que es claro que entre ellas la relación es más bien de apariencia. Graciela nunca se enteró de que Esperanza no había abortado y menos de que había viajado a los Estados Unidos después de trabajar con Ana Lucía, así que más adelante en la historia cuando Martín le cuenta que Esperanza fue a verlo y le contó que sí tuvo su hijo, para Graciela la noticia es un balde de agua helada y se obsesionará con encontrarla para asegurarse de que nada va a desestabilizar su existencia, ni la de Martín. Conoce muy bien, aunque no a fondo, que Martín tiene negocios sucios que han hecho multiplicar su fortuna, pero para ella el “cuánto” es más importante que el “cómo”, así que no hace muchas preguntas y cierra los ojos ante el hecho.

Leonardo Daniel fue Aníbal Dávila:
El padre de Manuela y Virginia, esposo de Arianna, Aníbal tiene 63 años y es un hombre adusto y estricto que considera que nada en la vida puede regalarse y todo hay que lograrlo a punta de sudor y esfuerzo. Con su hija Manuela es cariñoso, pero intransigente, instando en ella la pasión por el trabajo y por labrarse su propio camino, así que cuando ella le comunicó su decisión de abrir su propio bufete de abogados en vez de entrar a trabajar a alguna de las empresas de las que él es dueño, no le extrañó que fuera la manera de su hija de buscarse un futuro y eso fue causa de orgullo para él, a diferencia de lo que ocurrió con Virginia que, intentando enorgullecer a su padre, siguió uno a uno sus pasos y hoy en día es la Vicepresidenta del conglomerado de “Dávila Enterprises”. Aníbal se hizo cargo financieramente de los Acero cuando Francisco murió, pero nada fue regalado. La casa en que vivían, pasó a ser de Aníbal, aunque permitió que Graciela y sus hijos siguieran habitándola, como una manera de aliviarlos económicamente. Al graduarse de la secundaria, alentó a Martín a irse a estudiar Administración de Negocios en Nueva York y estuvo siempre pendiente de sus calificaciones y de que se destacara, para lo cual Martín tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano, pues no era de los amantes de estudiar. Cuando al fin se graduó de la Universidad, Martín pensó que Aníbal lo nombraría en un cargo directivo en alguna de sus empresas, pero se llevó una gran desilusión cuando efectivamente Aníbal lo nombró: Asistente de Contaduría de una de sus compañías, insistiendo en que si quería conocer el negocio bien, debía comenzar desde abajo. Martín, disimulando su rabia, le “confesó” a su padrino que lo que quería era comenzar su propia compañía de consolidación de Carga y le pidió a Aníbal su apoyo financiero. Aníbal, gratamente impresionado por la iniciativa negociante de su ahijado aceptó, pero en calidad de préstamo y con la expectativa de que en poco tiempo Martín le demostrara que no había sido una equivocación invertir en él. Y eso hizo Martín, no solamente destacándose como un gran hombre de negocios, sino que terminó vendiéndole parte de su compañía a su propio suegro, con lo cual logró entrar a formar parte del conglomerado. Aníbal admira grandemente a Martín pues considera que sólo alguien con una gran visión de negocios podría haber llevado una pequeña compañía de consolidación de Carga de la nada al nivel de ganancias que genera hoy en día. Está convencido de que el día que muera, Martín será el perfecto para hacerse cargo de sus negocios y más ahora que va a casarse con su hija Manuela, pero sabe que no puede simplemente nombrarlo, pues su otra hija Virginia no lo aceptaría y se sentiría herida. La única solución que se le ocurre a Aníbal es generar una especie de “concurso” entre sus gerentes, con la secreta esperanza de que Martín se muestre como el más capaz y pueda nombrarlo sin resentimientos de parte de nadie. Pero, Aníbal tiene prisa en poner en marcha su plan, pues acaba de enterarse que tiene cáncer y que no le quedan más que unos meses de vida.

Eva Tamargo fue Arianna de Dávila:
La madre de Manuela, una mujer de alcurnia y mucha clase, de 54 años, que ocupa su tiempo en organizar eventos de beneficencia gracias a su gran poder de convocatoria, especialmente en el ámbito latino de los Estados Unidos. Entre sus amigos cuenta con personalidades hispanas de toda índole, contactos que aprovecha para favorecer sus causas de todo nivel, siempre orientados a la comunidad latina. Con Virginia, su hija, tiene una relación un tanto fría, pero más por Virginia que por ella, pues es una mujer que se muestra un poco amargada. A Arianna le preocupa sobre todo la soledad en la que vive, aunque entiende que ha sido un poco víctima del tremendo deseo de que su papá se sienta orgulloso de ella. Desde que conoció a los Acero, muy poco tiempo después de casarse con Aníbal, prefirió mantenerse alejada de ellos, pues desconfiaba de tanta zalamería y amabilidad, pero cuando Francisco, el esposo de Graciela y gran amigo de Aníbal murió, no tuvo más remedio que aceptar que su marido les brindara su mano para ayudarlos, especialmente por ser el padrino de bautizo de Martín. Desde entonces también ha tenido que aceptar que Graciela esté muy presente en todo tipo de actividades familiares, al punto de que es extraño no verla en cuanto cumpleaños, Navidad o celebración cualquiera tenga que ver con los Dávila. Confía ciegamente en el criterio de su marido al respecto de todo y por eso cuando Aníbal decide que Martín es el mejor marido para Manuela y el mejor reemplazo suyo cuando muera, Arianna no lo pone en duda.

Juan David Ferrer fue Sandro Beltrán:
El primo de León, de quien éste se hizo cargo cuando era apenas un adolescente, pues su madre nunca tuvo los medios para hacerlo y su padre se fue de la casa cuando Sandro acababa de nacer. De buen corazón, Sandro no parece familiar de León en cuanto son extremos opuestos en personalidad, pero vive eternamente agradecido con él, pues gracias a su apoyo económico pudo estudiar Culinaria y entrar a trabajar a un hotel de mediana categoría en Queens. Conoció 24 años atrás a Susy en el bar de León y se enamoró de ella. Su fascinación por esa mujer fue tal, que lentamente, a punta de detalles y cariño, logró conquistarla y se casó con ella. Apenas un año más tarde Susy quedó embarazada y eso completó la dicha de Sandro, que siempre soñó con tener una familia. Si no tuvieron más hijos, fue porque Susy estaba empeñada en que algún día sería una gran artista o cantante y debía cuidar su cuerpo y un día, sin que Sandro se enterara, se hizo ligar las trompas donde un ginecólogo para asegurarse de que Perla sería su única hija. Sandro sabe que en el fondo Susy vive un poco desilusionada de él, pero cree que su amor es suficiente para ambos y lo único que hace es trabajar y trabajar, para que nunca les falte nada. Desde hace unos meses, le despidieron de su trabajo como cocinero en el hotel donde trabajaba y después de un par de semanas de intentar en vano ubicarse en otro lugar, terminó aceptando el ofrecimiento de León de ser el cocinero y barman de “La Cueva”, a pesar de que sabe que será un nuevo favor que terminará debiéndole a su primo, junto con los otros, de los que ya perdió la cuenta. Nunca ha aprobado la relación de Perla con Gregorio y su esperanza de que ella algún día se desenamorara de él se va al suelo en el momento en que se entera de que su hija está esperando un bebé, noticia que le amarga la vida pues entiende que Gregorio siempre estará presente en la existencia de la familia y que sus relaciones con Perla seguirán tirantes para siempre. Pero, su vida cambia radicalmente cuando se entera de que su esposa tiene relaciones con León y eso lo sumerge en una profunda depresión a los 45 años, durante la cual su amiga Esperanza recurre en su ayuda. Una ayuda que se convierte en cariño y luego en amor, a pesar de que ella se siente traicionando a su amiga del alma.

Raúl Arrieta fue Mike Sánchez:
Es el compañero detective de Jimmy y conoce a Jaime desde que era un niño pues también es hijo de detective y sus padres fueron amigos desde siempre. Está presente la noche fatídica en que Gregorio mata a Jaime y junto a Jimmy se pondrá la meta de desmantelar la banda y llegar hasta su líder, sin saber que en el proceso terminará enamorándose de Perla y llegando hasta el punto de traicionar a su mejor amigo para protegerla.






Cristian Carabias fue El Topo:
Desde niño, ha sido obeso por su desenfrenada obsesión por los dulcecitos, especialmente las gomitas en forma de osito. Pertenece a la banda de “Los Latas”, los ladrones que trabajan para León. Capaz de abrir cualquier cerradura, El Topo, cuyo verdadero nombre es José del Carmen y que tiene 21 años, es experto en todo lo que tenga que ver con la tecnología y es un genio de los números. Sus compañeros se entretienen a veces pidiéndole a El Topo que haga complejas operaciones matemáticas en su cabeza, cosa que para él es un talento completamente innato. Algo nervioso, sin embargo, para El Topo es imprescindible llevar siempre consigo sus gomitas de dulce, que son lo que, aparentemente, le permiten concentrarse cuando está en plena acción y que le dan algo de tranquilidad cuando intercambia saludos con Perla, su amor platónico, a quien ve como la mujer más hermosa del planeta, pese a que esté convencido de que jamás podría tenerla. Pero las cosas cambian radicalmente cuando Gregorio muere y El Topo es quien entra a reemplazar a Gregorio como amigo de Ángel y, eventualmente, como el hombre de Perla.

Juan Jiménez fue León Jr., “El Cachorro”:
Hijo de León, fue abandonado por su madre cuando apenas tenía 7 años y dejado al cuidado de su padre. Ansioso, pero por la misma razón, torpe, siempre ha tratado de que León lo admire y lo considere un valioso miembro de la banda, pero para su papá, “El Cachorro” nunca llegará a ser tanto como él o como Ángel. De mal humor y de mal ánimo, El Cachorro (que tiene 21 años) siente desprecio por Ángel, pues no solamente es el preferido de la banda de “Los Latas” de su padre, sino que además la mujer por la que El Cachorro suspira, Marina, una de las bailarinas de “La Cueva”, no tiene ojos sino para Ángel. Cuando Ángel fue apresado, “El Cachorro” creyó que León lo nombraría líder de la banda y al no ser así, su frustración creció aún más y nada le alegraría más que verlo fracasar. Sin escrúpulos de ninguna índole y llevado por los celos, será quien llame a la policía anónimamente para ponerlos en conocimiento del operativo que la banda va a llevar a cabo para robar las joyas del evento de beneficencia que le complicará la existencia a Ángel.

Alex Fumero fue El Caucho:
Pequeño, delgado, atlético y muy ágil, de 18 años, “El Caucho” es el hombre al cual recurrir cuando los operativos implican escabullirse entre ventanas y lugares de difícil acceso. Es uno de los miembros de la banda de León Beltrán, “Los Latas”. Sin exagerada fuerza física, El Caucho, sin embargo, es capaz de escalar una pared sin más ayuda que un par de ladrillos que sobresalgan de la estructura o subirse por una cuerda con el único apoyo de sus brazos y piernas. Gracias a su tamaño, cabe por entre los espacios más pequeños. Es bastante amigo de “El Cachorro” y quien escucha sus constantes quejas y envidias.

Aneudy Lara fue El Mocho:
Es un joven de 20 años, tranquilo y sereno, de raza negra, que vive la vida relajadamente sin preocuparse y no favorece las armas, pues le parecen innecesarias. Y en efecto tiene una fuerza descomunal capaz de doblegar a cualquier contrincante que se le enfrente, lo cual hace que El Mocho vea las armas como objetos obsoletos. Pertenece a la banda de “Los Latas”, los ladrones que trabajan para León. Es un hombre de pocas palabras, a quien es difícil ver de mal humor, pero si algo despierta su ira, se convierte en una bestia salvaje capaz de matar con sus propias manos a quien se le ponga por delante. Excelente conductor también, es pieza incondicional cuando huir rápidamente en un vehículo se hace necesario durante un operativo. El apodo de “El Mocho” se lo dieron porque la única vez que trató de usar un arma, se disparó a sí mismo en los dedos y de no ser por la prudente intervención de los médicos del hospital de urgencias al que fue llevado, habría perdido la mano. Otros dicen que el apodo lo lleva como una especie de alusión irónica a su tremendo miembro viril, pues corre el rumor de que “lo suyo” no tiene comparación en la raza humana.

Roxana Peña fue Nina Lazarus:
Recién egresada de la Universidad, Nina es una mujer desparpajada y sin mucho problema para ir diciendo lo que se le viene a la cabeza y por eso, desde que entra a trabajar como Asistente en el bufete de Manuela, traba una cercana relación tanto con ella como con Horacio. Nina tiene 25 años y es una mujer que no se amarga por nada y quien, a pesar de las múltiples desilusiones amorosas que ha tenido que sufrir, está convencida de que a la vuelta de cualquier esquina va a conocer a su media naranja y sueña con su príncipe azul.