Johana Bahamon


Desde que se separó del cantante Andrés Cabas, hace cinco meses, la actriz colombiana mantuvo un mutismo total. Se dedicó a su hijo, Simón, a gozarse su labor de mamá de tiempo completo e hizo caso omiso de los rumores. Renovada, bellísima y con trabajo reciente, regresó al ruedo y habló de su separación, de su ex amor y de su nuevo gran amigo.

Bella y rubia como una valquiria, Johana Bahamon (de 27 años) podría ser una de esas mujeres cuyo físico aturde, pero no es así. Su chispeante mirada aceituna es cálida y tiene una naturalidad única. Esos ojos la delatan, revelan su agrado o rechazo al instante.

A la hermosa actriz la hemos podido ver en ‘Padres e hijos’, ‘La Viuda de la Mafia’, ‘Pocholo’ y, por último, en ‘Niños ricos, pobres padres’.

-¿Cómo llegó la propuesta de ‘Niños ricos, pobres padres’?
Me llamaron y me gustaron los libretos, la historia y los horarios.

-¿Qué tal te ha ido con RTI?
Nunca había trabajado con ellos, son lo máximo. Hugo León, el productor, es increíble, ha sido superespecial conmigo. Los horarios son laxos y eso es lo más importante porque me queda tiempo para Simón, que era lo que quería.

-¿Cómo fue el personaje al que diste vida?
Fue el antagónico del antagónico, tiene mucha fuerza, un personaje muy rico de hacer. Es un equipo joven, lo bueno es que pasan muchas historias reales.

-¿Hacia dónde quieres encaminar tu carrera?
Ahora estoy feliz en RTI y en Telemundo, son unas puertas que se abren. Trabajo en una obra de teatro con Jacqueline Henríquez, se llama: Se le tiene, pero se le demora; hasta ahora estamos en ensayos. Es la segunda vez que hago teatro, me siento plena.

-¿Cómo has vivido tu separación?
Todo ha sido tranquilo; igual, estoy muy ocupada todo el tiempo y eso ayuda; si no estoy trabajando, estoy con Simón o si no ensayando una obra de teatro. Tengo una ventaja porque mi separación fue en unos términos excelentes, sin dolor, la manejamos bien.

-¿Por qué decidisteis separaros?
Fue por cualquier razón que quieras imaginarte, menos por falta de amor. Ese afecto que teníamos lo transformamos para concentramos en Simón; no ha sido nada traumático. Con Andrés nos queremos muchísimo y nos vamos a adorar siempre; desde el primer día que nos conocimos nos fuimos a vivir juntos. Tuvimos algo fuerte. Simplemente ese amor se transformó, ya no sentíamos lo mismo, él andaba en lo suyo, yo con el niño, en un momento vimos que estar separados era lo mejor para él, para Simón y para mí y tomamos esa decisión pensando sobre todo en el bebé. Pero, Andrés es y será el mejor papá de Simón para siempre. Lo añoro por lo bueno que fue: un esposo increíble, el más consentidor, amoroso, detallista, totalmente entregado a mí e increíble.

-En su momento se rumoró una infidelidad...
No, no la hubo.

-¿Quién ha sido tu apoyo en este tiempo de cambios?
Él mismo ha sido mi apoyo y yo el suyo. Obviamente a veces nos da duro a los dos, pero nos hemos acompañado porque sabemos que es por el bien de nuestro hijo.

-¿Y cómo te sientes cuando escuchas los chismes de que él ya está saliendo con otra?
De mí se ha inventado que estoy saliendo con gente, con mi ex Luis Alejandro y más. Realmente si nosotros no les paramos bolas a esos chismes de casados, menos nos importan ahora. Somos respetuosos con nuestra privacidad, a mí no me interesa la de él y espero que a él no le interese la mía.

-¿Ya os separasteis legalmente?
Nuestro matrimonio fue budista, aunque igual sí es legal aquí. No la hemos hecho, pero pues sí la tenemos que realizar.

-¿Hay posibilidad de regresar con Cabas?
No. Es algo que tengo muy claro. Hay un amor más grande que tenemos los dos ahora, que es nuestro hijo; ver que nació como fruto de lo que sentíamos hace que queramos lo mejor para él.

-Ya llevas cinco meses separada, ¿no te dan ganas de salir con alguien más?
Ahora mi meta es Simón, solo quiero dedicarle tiempo a él. Estoy tranquila, disfrutándolo cada segundo, me llena totalmente. Obvio que llegará otra persona y retomaré mi vida sentimental; pero por primera vez, no tengo afán.

-¿Tienes muchos admiradores?
Tampoco de ahuyentar. Sí hay gente por ahí, pero (risas) por ahora estoy bien así. Confieso que nunca me ha gustado estar sola, siempre he sido de noviazgos largos, es la primera vez que estoy sola y quiero seguir así, no me interesa estar con nadie, por ahora.

-¿Qué hay de cierto en que tienes algo con Aldemar Correa?
Él es un buen tipo, no hemos grabado juntos y nos estamos conociendo, me cae muy bien. Estaba aquí en mi casa ahorita, pues estamos empezando a conocernos, pero no hay nada entre nosotros.

-¿Te volverías a casar?
Sí. Es delicioso saber que uno va a llegar a la casa y que ahí estará el esposo esperándolo a uno, contarle lo que le pasó en el día. Y a la mañana siguiente abrir los ojos y verlo preparar el desayuno, como pasó en mi caso. Ahora, separada, me tocó empezar a hacerlo a mí.

-¿Y tendrías otro hijo?
Sí, totalmente, y me voy a volver a casar. Estar casado es el estado ideal y suena irónico porque me acabo de separar, pero uno deja su egoísmo para pensar en familia, en construir algo juntos. No quiero que Simón sea hijo único y creo que es más factible que yo tenga un hijo a que Andrés tenga otro.

-¿Cómo os dividís el tiempo de Simón?
El que viaja y tiene más cosas que hacer es Andrés, yo estoy siempre aquí. Pero cuando él llega lo primero que quiere hacer es verlo. Esta es su casa y puede estar con él cuando quiera, cuando él pueda.

-¿Qué tipo de mamá eres?
Fresca, pero disciplinada. Es contradictorio porque dejo que en el parque se unte de todo, pero soy muy estricta con los horarios, come a la misma hora desde que nació.

-¿Disfrutó ser mamá de tiempo completo?
Sí, dejé de trabajar y me dediqué al bebé ocho meses, increíble.

-¿Quién te ayuda con el cuidado del bebé?
Lo llevo a grabación varias veces y el resto del tiempo estoy con él. Además, él está en clases de natación, gimnasia y música, todos los días tiene algo para hacer. Me encanta estar con mi hijo en la cama arrunchados, ver películas de grandes, porque le pongo las mías y se queda feliz viéndolas. Es tierno, me consiente la cara, el pelo, se queda feliz, o sea yo me le arruncho a él, se queda así como un grande.

-¿Cómo fue el primer año de Simón?
Le hicimos la fiesta en mi casa, con Andrés, los cuatro abuelos, los amigos y los regalos.

-¿Cómo bajaste los kilos del embarazo?
Durante mi embarazo me engordé 25 kilos, cuando llevaba un mes ya tenía cinco kilos de más, comí mucho. Cuando nació Simón, pesó tres kilos y yo tenía 22 de sobrepeso. Adelgacé con dieta, no comía nada después de las seis de la tarde, una sola harina al día y cero dulce. Es la primera vez que he hecho dieta en mi vida. Ahora que él tiene un año, comencé a ir al gimnasio, disciplina que nunca había conocido. Trabajo con un entrenador personal que se llama Juan, me guía dos veces a la semana durante media hora. Y claro, como nunca había hecho ejercicio, mi cuerpo lo recibió perfectamente. Nunca me he hecho una cirugía plástica, ni lipo, ni nada.

-¿Cuál es el momento más feliz de tu vida?
Cuando Simón me dice mamá y cuando vuelvo de trabajar, por la cara de felicidad que pone.

-¿Y el más triste?
Cuando me voy a trabajar y me despido y se pone a llorar, me voy vuelta nada, es el dolor más horrible que he sentido, pero se compensa cuando llego, me abraza y no me quiere soltar.


Johana Bahamon fue Carina Suárez en ‘Niños ricos, pobres padres’:

Carina nunca pensó que una mujer como ella, de extracción humilde y llegada a la capital de una pequeña provincia al sur del país, terminaría casada con un potentado como Eduardo Domínguez. Y bueno, pedirle a Carina que piense, es forzarla a hacer algo que no está acostumbrada, esta mujer no sobresale precisamente por su brillantez.

Ella llegó a la capital tres años atrás, sin un peso y peleada con sus papás. Ellos querían a toda costa que su hija se quedara en el pueblo, atendiendo el supermercado que montaron, y con el tiempo, que fuera su hija quien finalmente tomara las riendas del negocio, pero Carina sentía que ella estaba hecha para cosas más grandes. Por eso, cuando llegó a la ciudad, en vez de atender un supermercado, se fue directo a trabajar como vendedora en un lujoso local de zapatos y accesorios de cuero. No era exactamente lo que quería, pero por lo menos había logrado salir del pueblo en el que juró que no se iba a quedar. El siguiente paso era lograr, a como diera lugar, entrar a la televisión.

Carina sabía perfectamente que con su cuerpo y su cara podía comenzar con un pequeño papel, por el momento, porque una vez el público la conociera, iba a querer más de ella. Un día, cierto canal de televisión estaba grabando en el centro comercial donde ella trabajaba. Carina vio su oportunidad, se metió al baño, se maquilló, bajó su escote un poco más, se subió la falda y, sin tapujos, se acercó al director a pedirle que la diera algún papel en la serie que estaba grabando. Luego de una cita y una noche en la que Carina seguramente se tuvo que quitar la misma falda, obtuvo un papel en el que sólo tenía que decir una frase. La mujer quedó fascinada con el mundo de la televisión y quiso más. Después de muchas entrevistas fallidas y más citas en las que la gastada faldita desaparecía, Carina no conseguía nada. Pero sus ruegos al cielo se aparecieron en la tierra con la figura de Eduardo Domínguez, un atractivo hombre que llegó al local a comprar una lujosa cartera. Cuando Carina descubrió que era para su hija, no dudó en coquetearle de la manera más descarada. Para su sorpresa, los coqueteos dieron resultado y cuando menos lo pensó, se vio saliendo con Eduardo. El único problema era su hija, Isabela, una adolescente insoportable que la recibió con frases hirientes y de inmediato le hizo saber que no era bienvenida en su casa.

Ahora, Carina (de 23 años) debe soportar los insultos de Isabela, pues a pesar de que tiene todo el apoyo de su marido, la joven no abandonará la guerra contra ella. Y las cosas se pondrán peor cuando Carina, después de un largo noviazgo con Eduardo, decide que es hora de casarse y tener hijos. Esto es algo que Isabela, su peor enemiga, no va a permitir, pero Carina va a luchar por conseguir ser la señora de Domínguez.