Geraldine Zivic


La actriz argentina Geraldine Zivic tiene una modesta carrera en la televisión colombiana y ahora entra al mercado de Telemundo con la telenovela ‘Niños ricos, pobres padres’, donde interpreta a la villana Mónica.

Al escucharla es difícil identificar su acento, aunque luego se puede denotar un leve cantadito argentino ya mezclado con algo de entonación colombiana. La explicación resulta sencilla: Geraldine Zivic (que nació en 1975), argentina de nacimiento se mudó a Medellín (Colombia) en su adolescencia y desde entonces inició una carrera en el mundo del modelaje.

La bella Geraldine, de 1.76 de estatura, fue modelo para reconocidos diseñadores y marcas como ‘Postobón’, ‘Leonisa’, ‘Óscar de la Renta’ y ‘Silvia Tcherassi’, entre otros. El modelaje la llevó a la actuación, campo en el que demostró tener mucha actitud.

Aunque ya había participado en varias producciones en papeles de reparto y obtuvo un pequeño personaje en la película ‘Ilona llega con la Lluvia’ (1996), el primer desafío actoral llegó en 1997 con ‘La otra en mí’. En esta producción, Geraldine interpretaba a Liliana y Valentina, unas gemelas que fueron separadas al nacer y que años después se reencuentran. La carga emocional y el peso de realizar dos personajes le dieron buenas críticas y obtuvo el premio ‘TV y Novelas Colombia’, a Mejor Actriz Protagónica de 1998.

Después de ‘La otra en mí’, vino ‘La Mujer en el Espejo’ (1998), telenovela que después Telemundo reformó y adaptó en el 2004. En la versión original de 1998, más verosímil que la de Telemundo, Geraldine interpretaba a Mariana Ferrer, la mujer bella en la que es transformada Ana Soler (Marcela Benjumea). Nuevamente, Geraldine obtuvo buenas críticas e inmediatamente pasó a protagonizar ‘La Sombra del Arco Iris’, junto a Miguel Varoni. Esta telenovela fue escrita por Mauricio Navas, entonces esposo de Zivic.

Después de haber realizado tres producciones seguidas, con todos los sacrificios que implicó, Geraldine decide abandonar momentáneamente la televisión para dedicarse a la maternidad, etapa que quiso disfrutarla sin ningún tipo de presión laboral. Las llamadas no cesaban para hacerla regresar a la pantalla, pero rechazó toda oferta.

Ya en el 2003, volvió a recibir una llamada, esta vez de RCN para ‘El Cachaco y la Costeña’. Este regreso a la televisión, con un papel antagónico trajo a una Geraldine renovada, de cabello corto y rojizo, muy diferente a la melena rubia que había sido su característica durante muchos años.

En el 2005 protagonizó la telenovela ‘Los Reyes’ y en el 2006 fue una de las ‘Amas de casa desesperadas’, en la versión de Colombia y Ecuador, grabada en Argentina. Luego de esta producción, ha participado en varios episodios de las series ‘Mujeres Asesinas’, ‘Tiempo Final’ y ‘Sin Retorno’.

Su último trabajo con RCN fue en la serie ‘Aquí no hay quien viva’, donde interpretó a una lesbiana. Actualmente, ya en Telemundo, Geraldine con 34 años, da vida a Mónica, una mujer fría y superficial que lleva una vida bastante relajada. Un nuevo rol antagónico para Geraldine, quien ha demostrado ser muy versátil a la hora de pasar de heroínas a villanas.

-¿Desde cuándo estás unida a la cadena Telemundo?
Desde marzo estoy con Telemundo, hice la telenovela ‘Niños ricos, pobres padres’, que se emite en todos los Estados Unidos, España y Chile, entre otros países. Me imagino que pronto llegará a Colombia.

-¿Y tienes planes después de las grabaciones de ‘Niños ricos, pobres padres’?
Descansé un mes, y empecé las grabaciones de ‘El Clon’, una nueva producción que se va a grabar entre Colombia, Marruecos y Miami. Se está construyendo una ciudad set en Girardot (Colombia), en diciembre viajé a Marruecos y en enero voy a Miami.

-¿Cuál ha sido tu papel más difícil?
Hasta antes de ‘El Clon’, yo creía que era el que hice en ‘La otra en mí’ porque eran gemelas, pero súper distintas. Además yo todavía no había neutralizado mi acento y fue un conflicto grande porque no sabía cómo hacerlo, me sentía incapaz, me sonaban rarísimos las frases, tuve asesoría; pero al final esa neutralizada la logré sola. El de ‘Amas de casa desesperadas’ también fue muy complicado porque era un personaje muy distinto a mí, con cuatro hijos, una mujer de hogar, estresada, buena mamá, pero sin saber cómo controlar esos niñitos, pero al final me gustó. Cada personaje tiene un reto: el de ‘Mujeres asesinas’, el de ‘Tiempo final’ para Fox, ante todos me planteo: “cómo voy a hacer esto”.

-¿Y por qué el personaje de ‘El Clon’ es el más difícil?
Porque ese no tiene nada qué ver conmigo. Si los otros personajes eran diferentes a mí, éste sí fue realmente distinto a lo que he hecho; no puedo adelantar más de esta producción, solo que estoy con muy buenos directores y ese es el proyecto internacional más grande del momento de Telemundo.

-¿Cómo fue la experiencia de desfilar para Oscar de la Renta?
Fue la experiencia más maravillosa que pude tener. Eso fue en ‘Colombia Moda’ en 1999. Sentir que uno tenía un vestido de cien mil dólares encima, aunque su productor, que vino unos días antes a hacer como la avanzada, nos decía: “Este no vale sino 35 mil dólares”. Eso sí, criticó mucho la silicona: “Hay mujeres muy bellas, lástima que haya tanta silicona porque los vestidos no horman lo mismo”.

-¿Te asedian mucho los admiradores?
Hoy en día es por Facebook. Tengo más de 700 solicitudes que no alcanzo a contestar, porque no tengo el tiempo ni tengo la paciencia para eso, pero me gustan mucho los mensajes que me dejan, todos de admiración, reconocimiento, pero siempre con inmenso respeto, incluso hasta los piropos.

-Háblanos de tu hijo...
Fernandito tiene 9 años, va al colegio, juega y le encanta el fútbol, es mi fan número uno, aunque a veces me protesta, sobre todo ahora que he tenido que viajar tanto. Sin embargo, comparto mucho tiempo con él, increíblemente, mis fines de semana con él son sagrados, porque tiene otros fines de semana con el papá.

-¿Cómo una mujer tan bella se enamora de hombres talentosos, sexys, pero poco apuestos?
Lo que importa es lo de adentro (risas). Aunque todo entra por los ojos, pues yo los veo lindos porque además son lindos. ¿La belleza es alto, bronceado, ojiazul y con el abdomen marcado? Sí, muy lindo, pero la belleza es otra cosa. Siempre una mujer lo que nos termina enamorando es que nos hagan reír, eso es importantísimo. Como lo es que tenga la misma energía y en este proceso de crecimiento profesional y personal que he tenido, ahora soy ciencióloga, eso me ha servido para tener más certeza de muchas cosas y de las personas que me rodean, entonces eso es lo que yo miro: el ser y la energía de la persona.

-También con hombres jóvenes...
Ahora tengo una relación con una persona mucho menor que yo, pero desde que lo conocí y recibí el batacazo de su edad, esta mente con la que nos han educado dice: “cómo vas a hacer eso, tú tienes diez años más que él, ¿qué van a decir?”. Pero, ¿por qué un hombre sí puede estar con una mujer menor, incluso 20 o 30 años, y nadie dice nada y por qué uno no puede hacer igual? Pero se lo dije: “Tu cuerpo es el que tiene esa edad, pero tu alma es de la edad mía, tiene una espiritualidad y una mente igual”. Si encuentras a ese ser que te hace bien, con el que puedes compartir, el resto son consideraciones y uno tiene que pasar por encima de eso.

-Te refieres a Jaime Andrés Motta, el DJ, ¿cómo va la relación?
Bien (risas). Muy bien. Él también está en la cienciología, los dos compartimos esta filosofía y ha sido un crecimiento mutuo.

-¿Te gustaría apostarle otra vez a la maternidad?
(Risas) Bueno, eso es lo que se está pensando. Hace algún tiempo hubiese dicho que no, porque mi hijo ya está grande y yo me lo tomo muy en serio y pienso en lo que sería estar otra vez tres años sin trabajar. Así hice cuando nació Fernando. Ya no tengo 20 años y están sucediendo muchas cosas en mi vida que no puedo frenar, pero también soy consciente que si estoy con una persona que no es papá y la relación va bien, tener un hijo es algo natural, es producto de una buena relación. Fernando fue el fruto de una buena relación, porque un hijo es algo serio, necesita tiempo y no es que uno tenga que frenar su vida por él, pero hay que hacer ciertas concesiones.

-¿Cómo fue la experiencia de dar vida a una lesbiana en la comedia ‘Aquí no hay quien viva’?
A diferencia de la comedia española donde el personaje es marimacho y morboso, en este yo era exactamente lo contrario. Era una lesbiana, pero muy mujer. Era la parte dulce de la relación. Sergio Osorio, el director, me explicó que debía ser la mamacita a la que le gustan las mujeres y eso hice, ponerme en la piel de cómo sentiría una mujer a la que le gusta otra.

-¿Recuerdas alguna anécdota en las grabaciones?
Recuerda que para grabar la escena con Juliana Galvis en la que con una sola mirada le tenía que decir todo, no pararon de reír. Y para terminarla, Zivic le dijo a su compañera que viera para otro lado (al montar los planos se disimuló esto), pues Juliana sentía que Geraldine la miraba como si fuera un hombre.

-¿Tuviste a algún crítico?
Sí. Mi hijo Fernando es mi principal crítico. Me dijo que no le gustaba que hiciera de lesbiana y que los libretistas eran muy malos con ella. Por fortuna entiende que esto es ficción y hasta me dice que en ningún personaje que he hecho aparezco como realmente soy.

-Participaste en la primera temporada de ‘Amas de casa desesperadas’, ¿por qué rechazaste hacer la segunda temporada?
Porque no estuve de acuerdo con los cambios que se le hicieron a la serie y preferí renunciar. Digamos que me desmotivé y decidí no estar.

-Con tanto trabajo, ¿tienes tiempo libre?
Sí. En mis ratos libres comparto mucho con mi hijo. Nos gusta leer, ver películas, arruncharnos en la cama, pero también soy consciente de que debo dedicarme tiempo para cuidar mi piel. Por eso nada mejor que recibir un regalo para consentirnos.


Geraldine Zivic fue Mónica Sanmiguel en ‘Niños ricos, pobres padres’:

Mónica es una mujer que jamás en su vida ha experimentado dificultades, por lo menos, monetarias. Habiendo crecido en el seno de una de las familias más prestantes del país, Mónica se crió como una princesa a la que no le faltaron sirvientes e incluso, esclavos que se rindieran a sus pies para cumplirle todos sus deseos y caprichos.

Por eso, cuando conoció a Guillermo Sanmiguel, éste se convirtió en uno más de sus tantos caprichos. Siendo una de las mujeres más hermosas de su círculo social, se merecía a su lado un “ejemplar” como Guillermo, así él no estuviera en su nivel. Hubo algo de amor, por supuesto, pero también más orgullo de su parte para reconocerlo y quedarse con Guillermo se convirtió más en una cruzada por conseguir lo que quería que por imaginarse una vida feliz a su lado, a pesar de que su familia estuvo desde siempre en desacuerdo con su elección. Teniendo tantos pretendientes a su disposición, no entendían por qué escogía al que menos abolengo y apellidos tenía.

Mónica impuso su férreo carácter y una vez casada, su vida frívola y sin intereses, continuó siendo la misma. Estudió, obviamente, para no quedarse atrás de sus amigas y como si fuera un simple entretenimiento, montó una tienda donde vende e importa objetos decorativos y obras de arte de los cuales el precio de uno solo podría alimentar a una familia durante un mes. Esto, sin olvidar que Mónica, cada vez que puede, le pone algo de picante a su vida con algún encuentro casual, con hombres a los que no vuelve a ver y con los que lleva una vida sexual mucho más intensa que la que vive en su matrimonio.

El nacimiento de su hijo Esteban supuso un cambio en su vida, cambio que duró muy poco. La dedicación a su hijo le duró hasta que se dio cuenta de que Josefina, la nana, podía encargarse perfectamente de él y que ella podía seguir con su negocio y su vida social como si nada hubiera pasado. Trataba en lo posible de estar pendiente de Guillermo, pero la turbia vida social a la que estaba acostumbrada, llamaba más su atención. A la muerte de su padre, Mónica se ve a la cabeza de un enorme imperio financiero que maneja con mano férrea y asesorada por un verdadero ejército de gente especializada que finalmente es la que hace el trabajo sucio. Mónica no obstante, es calculadora y fría por lo cual en poco tiempo se convierte en una excelente administradora de su enorme fortuna.

Ahora, Mónica, de 39 años, sigue consumida por las fiestas y, como siempre, dándole la espalda a lo que sucede de puertas para adentro en su casa. Su vida dará un vuelco cuando el mejor amigo de su hijo ponga los ojos en ella y la haga sentir otra vez una mujer joven y deseada, cosa que hace mucho tiempo, su marido olvidó.