Aylín Mujica


Aylín Mújica con sólo 19 años se convirtió en madre, en 1993 nació Mauro, fruto de su relación sentimental con el músico cubano Osamu. Bajo su físico de infarto y su desbordante talento se esconde una mujer sencilla y familiar. Ella es Fabiola, Estrella, Yacaranday, Lorena, Verónica, Laura y, en la vida real, Aylín Mujica. Innumerables premios avalan su larga carrera como cantante, presentadora e intérprete de apasionantes historias.

Inició su carrera artística a los 8 años en La Habana (Cuba), ciudad que la vio nacer el 24 de noviembre de 1974. Allí tomó clases de ballet y, después, de actuación. Con 13 años ya había participado en obras de teatro y a los 16 debutó en el cine con ‘La bella de la Alhambra’. Además, intervino en spots publicitarios y documentales.

Al igual que en lo profesional, Aylín fue también precoz en otros ámbitos. En 1993 tuvo su primer hijo, con 19 años, al que llamó Mauro, fruto de su relación con el músico cubano Osamu, con quien se casó. No obstante se divorciaron poco después: “dejé a mi marido por mi carrera, puesto que quería triunfar en México”. En este país, en 1994, había rodado la película ‘Jinete de acero’.

En 1995, tras realizar un postgrado en el Instituto Superior de Arte, se marchó a la capital azteca para ingresar en el taller de perfeccionamiento de Televisa. No fue fácil alejarse de su pequeño, a quien dejó con su madre: “no podía ser una mamá mediocre. Le expliqué que tenía que trabajar para ofrecerle un porvenir mejor, pero que volvería a buscarlo”.

Ya en México, sorprendió a los productores por su talento, pero también por su disciplina y dedicación. Enseguida le ofrecieron su primer papel. Fue en ‘La dueña’, donde trabajó al lado de actores de la talla de Cynthia Klitbo, Francisco Gattorno y Eduardo Santamarina. Precisamente con este vivió un fugaz romance. En 1998 debutó como protagonista en ‘Yacaranday’, de la que cantó el tema principal: “el productor, Alejandro Gavira, me ofreció cantar el tema principal y acepté encantada”. A raíz de este papel no tardó en recibir nuevas ofertas. Participó en ‘Canción de amor’, en 1996, y en ‘Señora’, un año más tarde. Cuando terminó las grabaciones de esta última, regresó a Cuba para reencontrarse con su hijo, al que obsequió con un viaje. Los acompañó Maurice Baldman, el novio de Mujica en aquel entonces. Madre e hijo jamás volvieron a separarse: “me lo llevé conmigo a México”.

Pero cantar el tema principal de la novela ‘Yacaranday’ no fue la única propuesta de Alejandro Gavira, del que se enamoró durante las grabaciones: “recuerdo que apenas llevábamos unos meses saliendo. Mientras acudíamos a la entrega de los premios ‘Billboard’, en 1999, me preguntó sin rodeos si quería casarme con él y me regaló un anillo”. Ella aceptó ilusionada. “Lo amo. Es cariñoso, sincero y, además, se lleva fenomenal con Mauro”, declaró. El 6 de diciembre la pareja se casó en Miami, en una ceremonia civil íntima y sencilla.

También en el terreno laboral, 1999 fue un año excelente para la actriz. Además de grabar ‘Háblame de amor’, protagonizó la obra de teatro ‘Drácula’, por la que fue premiada. Algunos meses más tarde, la actriz anunciaba su embarazo: “no esperábamos tener un hijo tan pronto, pero estamos contentos”, aseguró. Aunque ya era madre, confesó que afrontaba la maternidad de un modo diferente: “cuando nació Mauro, era muy joven, ahora me siento más preparada”. En noviembre de 2000 nació Alejandro y en 2001 Aylín regresó al trabajo con ‘Lo que callamos las mujeres’, a la que siguió ‘Agua y aceite’.

Está divorciada desde el año pasado, pero asegura que es incapaz de vivir sin este sentimiento. 2004 marcó un punto de inflexión en su carrera. Además de dar vida a Lorena en ‘La heredera’, lanzó su primer trabajo discográfico, ‘Aylín’, producido por su esposo. Aunque no le fue mal, prefirió dejar a un lado la música al ver que su matrimonio estaba en crisis: “compaginar el trabajo y el amor no era sencillo; teníamos discrepancias”. Al año siguiente, la cubana debutó como presentadora en el programa ‘Tempranito’, una faceta que la cautivó: “dejar de ser un personaje para ser tú misma es también maravilloso. Estoy feliz y, además, gracias a él presenté ‘Bailando por un millón’ y ‘Top models’”.

Pese alcanzar el éxito en la faceta de presentadora, decidió volver a la interpretación. No pudo resistirse a la oferta de Telemundo: “me dieron un doble personaje, las gemelas Laura y Verónica, en ‘Marina’: fue un reto en mi carrera encarnar a dos mujeres tan dispares”. Eso la llevó a abandonar TV Azteca, con la que acababa de grabar ‘Mi amor secreto’, pero valió la pena: “ ‘Marina’ es la novela que más he disfrutado”. Tras presentar los Premios Billboard 2008, gala que también ha conducido este año de 2009, se sumergió en las grabaciones de ‘Sin senos no hay paraíso’, donde dio vida a una codiciosa proxeneta.

Recientemente, la hemos podido ver en el papel de la villana desequilibrada de ‘Niños ricos, pobres padres’, donde conoció a su actual pareja, el actor colombiano Gabriel Valenzuela (ex de Katie Barberi), donde la pareja protagonizó tórridas escenas de amor. Al finalizar las grabaciones de la novela en octubre de 2009, la actriz confesó que está embarazada y que esta vez será una niña. Para Mujica este será su tercer hijo. La cubana de 36 años y el colombiano de 28 años esperan que su hijo nazca en Miami. Muchas embarazadas se martirizan al ver su abultado vientre o se quejan de las libritas de más, pero no Aylín Mújica. La actriz cubana asegura que el embarazo es el mejor estado de la mujer. Ella cuenta ya con dos hijos varones: Mauro, de 15 años, y Alejandro, de 8 años. Ellos, afirmó su progenitora, "están felices" con la noticia. Tras tres meses de relación con Gabriel Valenzuela, ambos se enteraron de la procreación de la niña que está programada para nacer el 10 de abril.

Ahora, en su más reciente rol en ‘Niños ricos, pobres padres’, Mujica interpreta a Verónica Ríos, una mujer materialista, interesada y narcisista. Una de las cosas que más destaca Aylín sobre este nuevo reto actoral, ha sido la posibilidad de volver a vivir en Bogotá (Colombia), como cuando grabó ‘Sin senos no hay paraíso’.

-¿Cómo es Verónica, tu personaje en ‘Niños ricos, pobres padres’?
Verónica es malvada, ambiciosa y con mucha falta de cariño. Es una mujer triste, que le cuesta mucho sonreír y que está buscando la felicidad por encima de todo, incluso de su hijo y de su esposo. Verónica busca la felicidad que nunca ha tenido y el único que la da amor es el jardinero, con el que conoce el amor.

-¿Se parece a ti tu personaje de Verónica?
Verónica no tiene nada que ver conmigo. Ella no vivía feliz por el qué dirán. Yo no soporto vivir una vida ajena. Todo lo que tengo me lo he ganado yo. Es realmente la antítesis de mi forma de vida. Yo soy muy pro-gimnasio. Es la tía mala, es una persona que es infeliz con el matrimonio, su hijo es homosexual, se hace amante del jardínero. Es una mujer que se obsesiona con la cirugía.

-¿Por qué decidiste aceptar este nuevo proyecto de Telemundo?
Había otras propuestas. Pero quería representar a una mujer neurótica, mezclando la bondad con la maldad y, por eso, acepté este gran proyecto.

-¿Cómo has encarado este proceso de creación?
Siempre, para construir un personaje, me encanta recurrir a la psicología. Verónica ha sido una preparación fuerte. Es una mujer que se ha obsesionado con el poder, con el dinero y tiene una familia disfuncional.

-¿Cuáles son los temas que trata esta telenovela?
Esta novela refleja todo lo que sucede en la sociedad con los adolescentes, sobre todo en jóvenes de familias adineradas que no se enteran de lo que hacen sus hijos, que crecen con las empleadas, ya que estos niños crecen con creyendo que el dinero lo es todo y que por eso pueden llevarse a la mano todo lo que quieran y lo único que les ha faltado es una educación formal de base, de un verdadero hogar. Trata temas candentes, como es la droga, acción, amor, desamor, sexo, mentiras, desengaños y pasión.

-En esta telenovela has trabajado con muchos jóvenes actores, ¿cómo has vivido esta experiencia?
Telemundo esta haciendo grandes producciones y ha logrado reunir jóvenes muy talentosos, que a pesar de ser muy jóvenes, ellos lo han dado todo en las grabaciones.

-¿Qué te pareció el final de Verónica?
Hubo muchas cosas interesantes en el desenlace de mi personaje. Tuvo el final que le tocaba con esa actitud tan compulsiva.

-¿Cómo ves esta nueva generación de jóvenes?
El dinero perjudica en todos los sentidos y las nuevas generaciones buscan una ambición de lo material y quiero que haya un nuevo tipo de generación más espiritual, y creo que poco a poco estamos viviendo ese despertar.

-¿Resulta complicado compaginar la profesión con la familia?
Sí, pero me organizo bien. Entre un trabajo y otro suelo disponer de tiempo libre; entonces soy cien por cien madre. Los llevo a sus clases de natación, baloncesto, kárate, los ayudo con los deberes. Además, hago de ama de casa. Todo me sirve para tener los pies en la tierra.

-¿Tienes alguna manía confesable?
Soy muy obsesiva con mis hijos y con los olores.

-¿Qué aficiones tienes?
Me gusta montar a caballo, ir al cine y bucear.

-¿Te atreverías a confesar si te has hecho algún retoque estético?
Me he operado dos veces, una para levantar el pecho, después de dar a luz, y otra para reducir una talla. Es importante verse bien, pero sin volverse loca.

-Además de la actuación, has incursionado en la música, has hecho radio y has sido presentadora. ¿Te queda algún sueño profesional por cumplir?
Muchos, yo siempre quiero más. Deseo comerme el mundo.

-¿Qué metas tienes en la vida?
Triunfar como actriz en Hollywood. También como madre y como mujer.

-¿Cómo te ves dentro de diez años?
Deseo seguir trabajando, sentirme plena y vivir en el mar con mi familia y mis mascotas.

-¿Es cierto que recuerdas ‘Marina’, como una de las grandes telenovelas que has realizado?
Sí. Manolo Cardona y yo nos hicimos muy buenos amigos, además, conocí a toda su familia. Mi hijo mayor no soportaba las escenas en las que me besaba con Manolo Cardona, así que jamás me veía, sin embargo, se enganchó con ‘Sin senos no hay paraíso’; es la primera vez que le pasa con un trabajo mío. En cambio, el pequeño sólo decía que me parecía mucho a Verónica. Recuerdo también una anécdota: un día me intoxiqué comiendo marisco y tuvieron que aplicarme muchísimo maquillaje para ocultar los granos y la hinchazón. Lo más duro fue cuando terminó la novela, que sentí una pena terrible; el personaje no quería salirse de mi cuerpo y yo no deseaba que se fuera de mi vida.

-¿Y qué recuerdos guardas de la proxeneta a la que diste vida en ‘Sin senos no hay paraíso’?

En cuanto me ofrecieron el papel, me compré el libro de Gustavo Bolívar y vi la serie original. El escritor creó el personaje especialmente para mí, daba vida a una proxeneta que llevaba a las niñas de Colombia a México.

-¿Cómo te has sentido en Colombia?
Mi vida está más tranquila que nunca y, en Colombia, he encontrado el amor y estoy muy dedicada también a mis hijos. Estuve feliz en Bogotá (Colombia) porque es una ciudad con mucha cultura y con gente que te da mucho cariño. Y no tiene nada que ver la vez anterior en la que vine a grabar ‘Sin senos no hay paraíso’ porque tenía una carga emocional difícil porque estaba pasando momentos malos en mi vida personal. Pero, hoy en día, estoy feliz y en paz. Estoy buscando ese maravilloso triángulo de congruencia: “pensar, decir y hacer la misma cosa”.

-Esperas tu tercer hijo, ¿cómo recibiste la noticia?
Cuando me enteré no lo podía creer, pero estamos muy emocionados Gabriel y yo con la noticia. Estoy feliz, muy contenta. Estoy embarazada de seis meses y será una niña preciosa, que se llamará Violeta, así lo decidimos el padre y yo. Es una niña hecha con mucho amor que fue buscada.

-¿Está siendo largo para ti el embarazo?
Todo lo contrario. Nueve meses es demasiado poco, es tan rápido, hay tanta sensibilidad. Hay un ser dentro, creciendo, es algo maravilloso.

-¿Cómo fue la experiencia de besarte con tu novio en escenas de la telenovela ‘Niños ricos, pobres padres?
El trabajo constante afianzó ese amor. Hubo muchas sensaciones la primera vez que nos vimos. En una ocasión, en una escena de beso dijeron “corten” y no pudimos parar. Nos la pasamos bien. Duramos 20 días conociéndonos, todo pasó muy rápido.

-¿Y tienes planes de matrimonio?
Gabriel y yo estamos muy enamorados, pero no tenemos planes de casarnos.

-¿Pretendes retomar tu carrera artística después de dar a luz?
Por supuesto. Retomaré mi carrera después de dar a luz con Telemundo. Iba a hacer ‘El Clon’, pero no pude hacer el proyecto debido al embarazo.


Aylín Mujica fue Verónica Ríos de La Torre en ‘Niños ricos, pobres padres’:

Verónica, a diferencia de su hermana, creció siendo una mujer ambiciosa. Consciente de que ni su belleza, ni su gracia superaban las de Lucía, se concentró en aprender lo que más pudo del negocio de su padre, en asistir a todos los cócteles y en fijarse bien quién sería su marido.

Así, cuando el negocio de su padre ya no era tan próspero, Verónica no tuvo ninguna dificultad en seducir a Roberto de la Torre. Este exitoso empresario de una farmacéutica, quedó encantado con la decidida y ahora muy atractiva mujer, pues la mayor de las Ríos no tuvo ningún reparo en hacerse ciertos tratamientos estéticos que con la rapidez de la recuperación la convirtieron en una hermosa mujer.

Verónica es ambiciosa, vanidosa, frívola y materialista, pero en el fondo, quiere a su familia, aunque no sabe cómo demostrarlo o simplemente está muy ocupada en el salón de belleza o con su cirujano plástico.

Es territorial y difícilmente olvida las ofensas, por eso, cuando llega su hermana deportada de los Estados Unidos, sus rencores reviven y no está dispuesta a hacerle la vida tan fácil a Lucía.

La homosexualidad de su hijo Santiago la pondrá a prueba como madre, como mujer y como esposa, pues desde que Santiago nace, Verónica pronostica el mejor futuro para su hijo y lo imagina como todo un empresario y casado con alguna jovencita rica del círculo que frecuentan ella y su familia.

Al ver su mundo comenzar a derrumbarse, Verónica comienza a tener serios problemas con el alcohol. Intentando aferrarse desesperadamente a su juventud, cada vez más lejana, pues ella ya tiene 42 años, la mujer se involucra con hombres bastante menores que ella e inclusive de clases sociales diferentes, a las que paradójicamente desprecia.




Desafortunadamente el dinero que usa para comprar sus favores comienza a desaparecer y la mujer pronto se ve ante el aterrador abismo de una vejez en la pobreza y la soledad.