Juan Pablo Shuk


Juan Pablo Shuk es un actor con tablas, inteligencia y táctica para preparar personajes, que después de haber trabajado en España volvió a Colombia, con proyectos importantes en su vida actoral, dando vida a diferentes personajes en ‘Sin senos no hay paraíso’ y ‘Doña Bárbara’ (donde dio vida a Gonzalo Suluaga).

-¿Cómo incursionaste en el mundo de la actuación?
Yo llevaba tres años estudiando Biología en la Universidad de los Andes y me había retirado por un semestre para poder trabajar tiempo completo, con la idea de poder ahorrar para estudiar Biología Marina en el exterior, ya que en Colombia no existía esa carrera. Por ese entonces, Julio Cesar Luna quien me había visto participar en algunos comerciales de televisión, me propuso trabajar en una novela. Mi decisión de hacerla se baso en poder ahorrar y continuar con mi plan. Lo que no sabía, y después de hacer un casting para Julio, era que él tenía planeado que yo fuera protagonista de su novela, ‘El Cacique y la Diosa’. A un mes de empezar y ya tomada la decisión, comencé a estudiar con Jaime Botero, uno de los grandes maestros de Colombia y quien me dio todo su apoyo para entrar en este trabajo, sobre todo entendiendo en muy poco tiempo el oficio del actor. Libros como de ‘Lee Strasberg’, ‘Stanford Meisner’, ‘Stanislavsky’ también me ayudaron en mis comienzos.

-¿Fue complicado para ti ingresar en el medio de la televisión?
En mi caso no. Diría que se reunieron una conjunción de casualidades más un “sí” de mi parte, aunque pensándolo bien, que todo se haya organizado tan fácilmente, a veces es mucho mas difícil.

-Acabas de llegar de España donde hiciste varios proyectos, ¿cómo fue esta nueva experiencia?
Estoy de nuevo en Colombia, y la experiencia española resultó demasiado interesante, siempre es bueno tener varios puntos de vista con respecto a lo que uno hace. Trabaje en cuatro cortometrajes, lo que me hizo entender que en España no se le tiene tanto miedo a la creación. La creación no es tan dubitativa. Hacen miles de cortos al año y obviamente se pueden cometer muchos errores, pero a la vez existe el oficio. Escucho a muchos amigos y personas que hablan de sus ideas de hacer cine, o en este caso cortometrajes y les diría, háganlos ya. En España, con pocas luces, poco equipo de producción, pero muchas ganas se logran cosas fantásticas. Trabajé también en una serie, ‘Rocío casi Madre’, vaya nombre. Es mucha la diferencia, y no lo digo por la parte creativa. Entrábamos a las seis de la mañana y a las 2 ó 3 de la tarde habíamos terminado el día. En España se paga al actor por el llamado. En el set jamás se ve un solo libreto, sólo el del director y esto es debido al gran profesionalismo de los actores y a que además existe una persona, me parece una gran idea, encargada exclusivamente de pasar la letra con los actores tiempo antes de pasar al set. Las escenas se repiten siempre 5 veces a lo máximo, y esto no es porque estén mal, nunca están mal, simplemente, así se hacen, y mientras tanto el equipo va rotando las cámaras, los ángulos, cambiando lentes, para después armar la escena a gusto del director en edición a la cual le dedican mucho tiempo. Esto genera un alto grado de concentración por parte de los actores generando un ambiente de trabajo muy bonito. Todo el sonido se hace con Boom, los inalámbricos solo en casos de emergencia, y eso no lo había sentido, da una gran libertad de movimiento a los actores.

-La telenovela ‘Pasión de gavilanes’ fue un gran éxito en algunos países, como en España, ¿qué piensas de la nueva versión mexicana ‘Fuego en la sangre’?
No he visto mucho ‘Fuego en la sangre’, pero estoy de acuerdo que si una historia es buena, los países que quieran la cuenten localmente. De hecho todas las novelas se basan en dos o tres historias arquetípicas que han estado desde siglos atrás.

-¿Qué piensas del éxito de las telenovelas colombianas en España, como en el caso de 'Doña Bárbara'?
El éxito de las novelas en España, hay que entenderlo por varias razones. En primer lugar, las historias que contamos son de un alto contenido de creatividad y sentido del humor. También debemos agradecerle a Colombia por sus paisajes, cuando se coloca la cámara en exteriores, no solamente esta el actor sino un encuadre que a los ojos de alguien que vive en Europa o en países con estaciones resulta muy exótico y llamativo. Y por último, el ser humano es el mismo desde la China hasta la Patagonia, existe una universalidad en el ser humano, y es ahí donde precisamente se basa la profesión del actor. Al fin y al cabo es una historia la que se está contando.

-¿Qué herramientas utilizas para la preparación de tus personajes?
La primera herramienta que utilizo es lo que está en el papel, lo que me indica el libreto o el libretista. Todo eso me genera una imagen del personaje que es la que trato de alimentar. Por otra parte, entender muy bien la historia y entender que papel juego dentro de la historia (la historia que se cuenta es siempre más importante que todos los personajes). Después busco lo que tengo yo que tiene el personaje, para explotarlo al máximo. Si el personaje es un enamorado, entrar en contacto con mi enamoramiento, si es un asesino, entrar en contacto con mis odios, etc.

-En cuanto al teatro, cuando te enfrentas a un libreto largo, ¿cómo logras la memorización para llevar a cabo el personaje?
La memorización en el teatro, es una de las memorizaciones mas consentidas. Comienza con las primeras lecturas y trabajo de mesa que uno tiene con el director y los demás actores. En el trabajo de mesa se ahonda mucho en el sentido del texto. Más adelante cuando se pasa a los ensayos y libreto en mano, cuando ese texto empieza a generar movimientos en la escena, una marcación, aún más el texto se va afianzando. Ya para el último mes antes del estreno, la memorización del texto viene fácilmente, debido a todas estas imágenes y sensaciones que uno ya ha recogido en el trabajo previo. Siempre lo he dicho, la memorización es de las cosas más fáciles dentro la profesión del actor. Es lo que menos me preocupa.

-Cuéntanos una anécdota en el teatro que te haya marcado como actor...
Como en el año 1997 cuando estaba haciendo ‘Fresa y Chocolate’ de Senel Paz, en el Gala Hispanic Theater en Washington, al lado del gran actor y amigo Vladimir Cruz, quien también había participado en la película, vaya presión, éramos tres en escena. La inmensa presión que yo me había impuesto por hacer bien las cosas, por tener que manejar un acento cubano apropiado, y por muchas otras razones, entre ellas gustar, hizo que durante las funciones yo sufriera mucho, me amargaba. Hasta que un día, antes de salir a escena comprendí la estupidez de tratar de satisfacer a los demás a través de esta hermosa profesión, decidí disfrutar primero yo, lo demás no está en nuestras manos.

-¿Hasta dónde quieres llegar con la actuación?
La actuación no es para llegar, la actuación es. No existe diferencia para mí trabajar aquí o allá, lo único que lo hace diferente es: para que director o para que guionista y con que compañeros. La actuación es una sensación para quien la vive.